Cernícalos y negocio

Asistimos el pasado 13 de mayo a la IV jornada “Las zonas de especial protección para las aves en núcleos urbanos de Extremadura. Conservación y turismo”, que ya tradicionalmente inauguran el Festival de las Aves de Cáceres y a las que intentamos acudir cada año. Se trata de un tema que nos es de gran interés por diferentes motivos, teniendo en cuenta nuestros trabajos habituales para el Club Birding in Extremadura o la FIO de Monfragüe, nuestra disposición personal hacia las aves, que se trata de nuestra ciudad y que por si fuera poco nuestras propias instalaciones están incluidas dentro de la ZEPA Colonias de Cernícalo Primilla de la Ciudad Monumental de Cáceres. Además hemos tenido la inmensa suerte de participar como socios en el proyecto “ZEPAURBAN Conservación del cernícalo primilla en las ZEPA urbanas de Extremadura” que ha concurrido a la convocatoria LIFE 2015 y en el que tenemos depositadas grandes expectativas en caso de acabar seleccionado por la Comisión Europea para su desarrollo, lo que parece estar cada vez más cerca de ser una realidad: crucemos los dedos.

Imagen: IV Jornada “Las zonas de especial protección para las aves en núcleos urbanos de Extremadura. Conservación y turismo”
 

Para quienes no lo saben, hay que tener en cuenta que Extremadura es pionera en Europa en la declaración de zonas especiales de protección para las aves en áreas urbanas, en lo que tuvo mucho que decir Pepe Antolín y la gente de DEMA (http://demaprimilla.org/), lo que nos sitúa a la cabeza de la conservación en este ámbito y nos concede igualmente una gran responsabilidad en el mismo. Con el Decreto 110/2015 por el que se regula la Red Natura 2000 en Extremadura y en el que se publica, entre otros, el “Plan de gestión de espacios de la Red Natura 2000 declarados en casco urbano por la presencia de cernícalo primilla” (http://goo.gl/E8G0Kx) se abre un nuevo capítulo en este sentido, lleno de dificultades pero altamente esperanzador. A modo de resumen, dicho plan de gestión determina, entre otras cosas, una serie de medidas destinadas a conservar e incrementar la población de cernícalo primilla que deberán adoptarse en caso de obras o reformas en los edificios dentro del área afectada -tales como la adaptación de los trabajos al periodo reproductor de la especie, la conservación de los huecos de nidificación o en su defecto la instalación de nidales artificiales aptos para la cría- y cuya no contemplación, especialmente en las zonas de interés prioritario al estar sujetas a informe de afección, puede conllevar la paralización de la obra.

Parece evidente que el sector de la construcción va a tener por lo tanto mucho que ver en la aplicación presente y futura del Decreto 110/2015, ya que se verá afectado muy directamente por el mismo, para empezar por los propios plazos que la tramitación de los expedientes sujetos a informe de afección conllevan, tal y como María Jesús García-Baquero, una de las técnicas de la Dirección General de Medio Ambiente implicadas en el desarrollo del plan de gestión, nos expone lúcidamente durante su comunicación en la jornada objeto de esta entrada. Como no podría ser de otra forma, en la mesa redonda final, surge el tema y se pone de manifiesto la ausencia de empresarios de la construcción y las dificultades que encuentran estos mismos técnicos de la Dirección General de Medio Ambiente para llamar la atención de este sector sobre el asunto que nos ocupa. Escuchando las diferentes intervenciones que se plantean alrededor del tema, algunas no del todo afortunadas (entre el público asistente hay quien se viene arriba y habla de “cogerles de la pechera”  o “ponerles jamón” para que asistan), en la mayoría parece subyacer un prisma similar: el conservacionismo y su interpretación desde el ámbito de lo público o desde la acción civil, lo que pone de manifiesto el secular antagonismo entre Administración y sector privado que venimos padeciendo en Extremadura y probablemente en el conjunto de España. Un antagonismo, que por cierto debiera pertenecer al pasado y no ser el presente, mucho menos el futuro, de dos contingentes por otro lado destinados a entenderse y que en el fondo conforman una unidad indisoluble de la productividad: si, generalizando y pecando de cierta frivolidad, unos piensan de los otros que son seres ladinos y sin escrúpulos cuyo único objetivo es amasar fortuna con malas prácticas, estos piensan de aquellos que lo único que hacen es alargar infinitamente la hora del café, leer periódicos (hoy más bien redes sociales) y hacer la compra durante su jornada laboral. Pues bien, sin pasar por alto que en todos lados cuecen habas, ambos discursos son a todas luces falaces y tenemos la obligación de empezar a tomar seriamente en consideración los esfuerzos de una u otra parte y sobre todo a empatizar con ellos. Valga como ejemplo la dedicación de los organizadores de esta saga de jornadas, que a buen seguro transgrede el ámbito de sus obligaciones dentro de la función pública, y la de al menos alguna empresa que estábamos allí presente.

Imagen: Publicidad Birding in Extremadura Club para la British Birdfair
 

Sin ni mucho menos menospreciar los esfuerzos que con certeza se vienen llevando a cabo por parte de la Dirección General de Medio Ambiente en este sentido, y solo a modo de reflexión, no parece fácil desde esa perspectiva llamar la atención del sector de la construcción: puede que el punto de vista no sea del todo acertado, que en definitiva no se trate, o no solo, de sensibilizar, de iniciar a este colectivo en los misterios de la conservación. Es decir, puede que la dirección correcta no sea convertir al conservacionismo al colectivo de los constructores, quienes por cierto no tienen obligación, más allá de la moral, de convertirse a nada por muy loable que esto sea. ¿Cuál sería entonces el enfoque adecuado? No es fácil encontrarlo, desde luego, pero para girar el prisma intentemos hacer primero un ejercicio de proyección; esto es psicología básica, aquella empatía que antes mencionábamos. Para ello el primer paso es, como en aquel viejo juego, determinar quién es quien en este: “¿Usa gafas? ¿Lleva sombreo? ¿Tiene bigote?... ¡Es Bob!”. A saber y a grosso modo: a la Dirección General de Medio Ambiente le corresponderá la función de legislar y fiscalizar, a sus agentes vigilar, a las organizaciones no gubernamentales desarrollar y sensibilizar, a Turismo promocionar, etc. Y a los constructores… construir; eso sí, con los parámetros y protocolos que permitan cumplir los objetivos del Decreto 110/2015. Ubicados los personajes de la trama, avancemos en la proyección y pongámonos ahora en la piel del constructor, cuya función ya sabemos que es construir, y pensemos qué llamaría nuestra atención si fuéramos uno de ellos. Pues bien, un constructor, aparte de ser obviamente una persona a la que le pueden interesar o no los cernícalos primilla, es un empresario, y como tal su primordial objetivo es conseguir contratos y ganar dinero, lo que no solo es lícito sino que es su obligación, pues de ello depende su vida, su familia, sus trabajadores, sus proveedores y además genera riqueza, de lo que andamos bastante necesitados; sacudámonos ya ese polvo de que querer ganar dinero es algo malo y de que sólo puede hacerse desde la mala praxis. Dicho esto, identificado qué puede interesar primordialmente a un constructor, hablémosle de ello: es decir, hablemos de dinero.

Lejos de ser un impedimento, creemos que el Decreto 110/2015 y el cernícalo primilla ofrecen una gran oportunidad de negocio. Diecinueve ZEPA urbanas en Extremadura con cientos de edificios -en buena parte históricos o cuando menos antiguos y por lo tanto sujetos a rehabilitación hasta el fin de los tiempos- en zona de interés prioritario (sometida a informe de afección) y probablemente miles en zona de uso general. Y todos ellos regulados por un decreto que contiene prácticas constructivas novedosas en las que ninguna empresa a día de hoy está especializada. No hay que ser el empresario del año para darse cuenta de que la primera comercial que incorpore esa especialización a su oferta, diferenciándola, tendrá muchas papeletas para quedarse con buena parte de las obras públicas y privadas que se lleven a cabo en este ámbito durante los próximos años. Valga como ejemplo el caso de los adelantos obtenidos por el estudio de arquitectura Pedro Salmerón en Jaén a raíz de la restauración de la catedral de esta ciudad, cuyos protocolos de trabajo ligados al cernícalo primilla son una referencia a tener muy en cuenta que los ha situado a la cabeza de este tipo de actuación. Pasado ya un año desde la publicación del Decreto 110/2015 probablemente podríamos hacer una estimación solvente del volumen de negocio del que estamos hablando, en el caso de que no se haya hecho aún, solo habría que computar el número de expedientes tramitados y la asignación de gasto de los mismos, sumarle alguna variante de aquellos que aún no han seguido esta vía y no se han detectado y extraer conclusiones: es probablemente esa información la que llame la atención de los empresarios y los profesionales de la construcción sobre este proceso, al menos la de los más hábiles.

Imagen: Ciudad Monumental de Cáceres
 

Ahora bien ¿cómo se transmite esa información al colectivo de la construcción? Bueno, la sensibilización está bien y es necesaria, pero ya hemos visto que hasta la fecha no parece dar resultados en este sentido. Por lo tanto, quizá no sea el foro más adecuado una jornada –por otro lado imprescindible- que se llama “Las zonas de especial protección para las aves en núcleos urbanos de Extremadura. Conservación y turismo”, en cuyo título probablemente el empresario de la construcción no se ve reflejado e incluso puede leer otro mensaje muy diferente, como que la tan traída conservación será a costa de la mengua de sus beneficios. En este sentido se nos ocurre, y probablemente los responsables del plan de gestión ya hayan pensado en ello, que quizá se podrían plantear otras jornadas más específicas en las que dar a conocer esos datos económicos de los que hablábamos, así como los protocolos, materiales, sistemas de nidales artificiales, etc. Algo así como “Oportunidades de negocio en obras y rehabilitaciones de edificios en zonas de especial protección para las aves en núcleos urbanos de Extremadura” (o “Cernícalos y negocio” si se prefiere, por acortar) y con la colaboración de la Confederación Extremeña de la Construcción y sus patronales provinciales dirigirlas al conjunto de profesionales del sector: un mensaje más positivo que refuerce la idea de que la presencia de este colectivo no solo es necesaria sino que, y especialmente, puede acarrearle interesantes beneficios. Malo será que no haya a quienes les interese. Y ya a partir de ahí si además alguno se sensibiliza a título personal con la conservación del cernícalo primilla, fetén; quizá venga  a la próxima jornada sobre conservación y turismo.

Complementemos esto con oferta de formación, subvencionada o no, en las técnicas de construcción y protocolos de actuación, y demos una presencia cuantificada económicamente y específica en los pliegos de prescripciones técnicas de las licitaciones de obra pública en los ámbitos de las ZEPA urbanas -esto es fundamental- a la obtención de puntos para los proyectos que tengan en cuenta en sus propuestas dichas técnicas y protocolos. Decimos que esto es fundamental porque bien sabemos lo que condiciona las características valorables descritas en un pliego que rige una contratación pública, y los esfuerzos que hacemos desde la empresa, como no podría ser de otra manera, para entenderlas y acomodar nuestras propuestas a ellas. Se trata de un proceso intrínseco al funcionamiento de quienes prestamos servicios habitualmente a la Administración y un lenguaje que por lo tanto nos es sumamente familiar; quizá, aunque solo quizá, sumando consigamos que el mensaje llegue con más claridad al receptor.  

Imagen: Hembra de cernícalo primilla

Conservacionismo, turismo y comarcalización

Que la comarcalización en Extremadura es uno de sus principales talones de Aquiles es algo que no le pasa desapercibido a cualquiera que haya tenido contacto con su división territorial, especialmente en el ámbito turístico, si bien sabemos que tal problema afecta igualmente a la mayoría del estado y que se viene arrastrando desde hace siglos. A pesar de ambiciosos intentos como el censo de Floridablanca en el siglo XVIII o los partidos judiciales del XIX, es relativamente reciente, a partir de la creaciones de las comunidades autónomas, la intensificación de los esfuerzos en este sentido, con resultados, eso sí, bastante desiguales. No es objetivo nuestro -no estamos capacitados para ello además- analizar antropológica, política ni geográficamente los resultados de estos procesos y su actual realidad: para eso hay mentes más lúcidas y preparadas como Artemio Baigorri cuya conferencia “Comarcalización en Extremadura” en las I Jornadas sobre Ordenación del Territorio en Extremadura, celebradas en Cáceres en 1995, es de muy recomendable lectura a pesar de los veinte años pasados (podéis encontrarla aquí). En ella menciona también otros nombres, para quiénes les interese indagar en estos asuntos, como el de Sánchez Zabala, que ha estudiado sobradamente estas cuestiones; y no lo hace sin embargo con el de Antonio Campesino, aunque ya lo hacemos nosotros, que ha sido otra de las figuras de nuestra intelectualidad académica que ha analizado la ordenación del territorio extremeño y del que también es interesante y algo más actual su artículo “La ordenación territorial de la Extremadura del siglo XXI” publicado en la revista Territoris de la Universitat de les Illes Balears (descargar artículo).

Imagen: Parque Nacional de Monfragüe (vistas desde el castillo)

De este último nos interesa especialmente la incorporación de dos factores, si bien no excesivamente desarrollados en el artículo mencionado, como nuevos elementos a tener en cuenta en la ordenación territorial extremeña: turismo y conservacionismo. Nos interesa porque en este ámbito sí tenemos cierta experiencia y la fortuna de haber trabajado de una u otra forma en la mayoría, si no todas, de las comarcas extremeñas, participando en planes y proyectos turísticos o medioambientales hasta llegar a entender, si es que esto es posible en todos los casos, esa cierta maraña de modelos organizativos compuesta de ayuntamientos, grupos de acción local, mancomunidades -integrales o no-, diputaciones, etc., que no siempre encaja como cabría esperar; y es que hay que reconocer que el problema “casi irresoluble” que decía el antes mencionado Baigorri de la comarcalización de Extremadura resulta en efecto asaz complejo. Sin entrar en el viejo debate de las comarcas naturales o históricas versus las no tan naturales, de la tercera provincia o de las desavenencias ideológicas que no pocas veces han promovido en los últimos tiempos los movimientos organizativos en nuestro territorio, por nuestra parte estamos convencidos de que estos dos nuevos elementos que han irrumpido con vigor en Extremadura, especialmente en los últimos diez años, abren nuevas posibilidades no solo de modelos de desarrollo sino incluso de organización territorial.

A modo ilustrativo, en la reciente edición de la Feria Internacional de Turismo Ornitológico de Monfragüe (FIO 2016), asistimos al acto en el que se presentaba el material turístico que recientemente hemos desarrollado para la reserva de la biosfera de Monfragüe por encargo de la Diputación de Cáceres, jefe de filas del Plan de Competitividad Turística de este territorio. Se trataba básicamente de una guía con marcado carácter promocional y de una serie de mapas turísticos con una vocación más pragmática cuyo objetivo es propiciar o mejorar, en la medida de lo posible, la movilidad por la propia reserva de los visitantes y su acceso a los recursos de la misma. Dicho esto, la otra parte del acto, la relevante para ser justos, versaba sobre la presentación de la nueva composición del grupo de acción local ADEME (Asociación para el Desarrollo de Monfragüe y su Entorno) vertebrado ahora bajo el paraguas que la propia declaración como reserva de la biosfera proporciona, una declaración auspiciada por la UNESCO que si bien no aporta legislación ni estructura alguna más allá de reconocer en territorios específicos la convivencia sostenible del ser humano y su entorno, sí es susceptible de impulsar la creación de una nueva y solvente identidad, como así ha sido. La incorporación de la práctica totalidad de los municipios que integran un área reconocida por una organización internacional, como es el caso de las reservas de la biosfera y la UNESCO, a un grupo organizativo de carácter comarcal no solo es novedosa en Extremadura, sino que estamos convencidos de que es una excelente noticia que permitirá obtener mejores resultados que hasta la fecha si se es firme y consecuente en el trabajo. Parece evidente que disponiendo ya de una estructura como la que ofrece un grupo de acción local, ampliarla para ligarla estrechamente a una estrategia común como puede ser la sostenibilidad de un territorio reconocido como reserva de la biosfera ha de dar, obligatoriamente, mejores resultados que hacer la guerra cada uno por su lado, propiciando además dinámicas de funcionamiento que a buen seguro repercutirán en otros ámbitos de su actuación territorial, con la gestión de los fondos estructurales como mejor ejemplo. Como antecedente de algo similar podemos citar lo ocurrido en los últimos años en el geoparque Villuercas Ibores Jara, si bien en este caso la organización territorial, reconocible en su grupo de acción local y en la mancomunidad integral, era previa al reconocimiento de UNESCO. Pero no nos cabe duda, y tenemos también un estrecho vínculo con esta comarca y el propio proceso vivido hasta el reconocimiento final como geoparque mundial UNESCO, de que este hecho ha fortalecido los lazos de una comarca cuya identidad histórica, si descontamos la presencia del monasterio de Guadalupe y sus caminos de peregrinaje como elemento común a los tres territorios que hoy la conforman, no tenía una especial interacción entre estos; o no al menos tan relevante como el patrimonio geológico y su proyección turística hoy les da.
 
Imagen: Material turístico Monfragüe, Reserva de la Biosfera
 
Y ahora se abre una tercera ventana a este nuevo modelo de organización con el reciente reconocimiento del Tajo Internacional como reserva de la biosfera, a lo que habría que añadirle la anterior declaración como parque natural, un territorio cuya identidad comarcal ha sido, y damos fe de ello, una problemática que ha propiciado en no pocos casos que el desarrollo de algunos proyectos en el ámbito turístico no obtuvieran los resultados deseados. Hablando de memoria -y vayan por delante nuestras disculpas si no registramos aquí, por desconocimiento, cambios recientes- en lo que hoy conocemos como Tajo Internacional confluyen los grupos de acción local de Sierra de San Pedro-Los Baldíos (que a su vez integra municipios de Cáceres y Badajoz y solo ocho de los primeros se ven afectados por el parque), Tajo-Salor-Almonte y, finalmente, Valle del Alagón, puesto que Zarza la Mayor, integrada en este último, alberga el límite septentrional del parque natural. Algo parecido sucede con las tres mancomunidades que operan en la zona, a saber: Sierra de San Pedro, Tajo-Salor y Rivera de Fresnedosa, que a su vez no coinciden ni en nombre ni territorialmente con los grupos antes detallados. Y esto sin contar con la participación inevitable tanto de la Consejería de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio de la Junta de Extremadura, en cuanto a la gestión del parque natural se refiere, como de la Diputación de Cáceres, activamente implicada en el desarrollo turístico de este territorio en los últimos años. Y por supuesto sin entrar en que la declaración como reserva de la biosfera incorpora tres municipios nuevos a los once que conformaban el parque natural (Villa del Rey, Mata de Alcántara y Piedras Albas) y afecta también a la parte portuguesa, es decir al parque natural Tejo Internacional, lo que no por ser una magnífica noticia dejaría de ser objeto de otra interesante reflexión. Lo que queda claro en cualquier caso es que la distribución y gestión de este territorio es, cuando menos, complicada.
 
Sea como fuera, sin ánimo de sentar una cátedra que no tenemos y por supuesto con el mayor respeto hacia el trabajo de las personas que integran estas organizaciones territoriales en la zona, que lo uno no quita lo otro, nos parece que estamos ante una ocasión inmejorable para replantear el modelo organizativo o, al menos, propiciar ese debate. La pregunta por lo tanto es simple: ¿sería posible conformar, siguiendo la estela de lo ocurrido en Monfragüe, una nueva comarca compuesta por los catorce municipios afectados por la reserva de la biosfera del Tajo Internacional y que transgreda el ámbito turístico? Curiosamente todos ellos comparten un legado histórico muy reconocible que no ha sido sin embargo argumento suficiente como para dotar de identidad comarcal a este territorio hasta la fecha: el de la Orden de Alcántara. Claro que en este caso se plantearía el debate de San Vicente de Alcántara, el decimoquinto candidato, que no solo queda fuera del ámbito de la reserva sino incluso de la provincia de Cáceres, lo que por otro lado y en sí mismo, como en la actualidad ocurre, no es necesariamente un motivo de exclusión de un posible grupo de trabajo: vaya por delante que al menos dos de los municipios integrados en el caso de ADEME tampoco están geográficamente afectados por la demarcación de la reserva de la biosfera de Monfragüe aunque sí son colindantes, lo que allí ha resultado ser un argumento suficientemente razonable como para participar en el proyecto. Por otro lado está el eminente carácter “rayano” de todos ellos, si bien esto es más evidente en unos casos que en otros: se podría considerar que Herreruela, Salorino, o Brozas no tienen esa impronta, pero también cabría plantearse si estar a escasamente 30 kilómetros de la frontera con otro país no le imprime a uno cierta identidad fronteriza.
 
En cualquier caso, a la sombra de los próximos y eminentes fondos estructurales y mirando aún más allá, como le es ya perentorio a Extremadura, no nos cabe duda de que esta nueva demarcación y nomenclatura territorial que hoy llamamos Tajo Internacional, surgida en primer lugar del conservacionismo medioambiental, asentada después sobre su proyección turística y finalmente reconocida por una organización mundial, es ya una realidad que ha calado en cuantos nos referimos a ella indefectiblemente con ese nombre propio: nosotros mismos tuvimos la oportunidad de crear su identidad corporativa allá por el año 2010, cuando Tajo Internacional era un incipiente y aún poco conocido destino turístico. Quizá sea el momento de dar un paso más y superar diferencias para dotarlo ahora de una identidad organizativa acomodada al territorio y a sus circunstancias. Puede que los resultados, ya a la vista de todos interesantes, mejoren.
 

Imagen: Identidad corporativa Taejo Internacional

Imagen corporativa Tajo Internacional