AZUL PIEDRA · MIAJADAS-TRUJILLO: CRUCES Y MÁS CRUCES

De caminos, de madera, de ríos y océanos, de piedra, de nombre... en Miajadas-Trujillo hay cruces y más cruces esperándonos.

Gran parte de los bienes patrimoniales de la comarca están concentrados en la histórica localidad de Trujillo, cruce de caminos que da ese aire toscano cuando se acerca uno, especialmente desde el este o el oeste. Además de ser conjunto histórico, varios edificios son monumentales a título individual, como es el caso de los palacios de San Carlos, del marqués de la Conquista, el Viejo o de las Cadenas y el de Juan Pizarro de Orellana; también el castillo y por supuesto el magnífico templo de Santa María la Mayor, que domina la plaza trujillana con su mole espigada. En Santa María precisamente están enterrados personajes de los linajes con más abolengo de la ciudad: los Vargas, Altamirano, Barrantes, Orellana… y también los restos del legendario Sansón extremeño, Diego García de Paredes. Este heroico personaje nacido en Trujillo en torno a 1468, luchó como soldado de fortuna en los ejércitos del papa Alejandro VI, pasó a los servicios del duque de Urbino tras matar en un duelo a uno de los capitanes papales y volvió algún tiempo después a estar bajo la protección de César Borgia participando en las tomas de Rímini, Fosara y Faenza. A las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, luchó en Grecia y Nápoles hasta acabar nombrado por este marqués de Colonetta, aunque tras caer en desgracia su protector se exilió dedicándose a la piratería por todo el Mediterráneo. Recuperó no obstante la estima real con Carlos V, participando en la campaña del norte de África, Italia, Flandes, Alemania o Austria, hasta ser nombrado Caballero de la Espuela Dorada por el propio emperador. Paradójicamente, tras una vida de hazañas bélicas murió por unas heridas producidas en un accidente cuando jugaba con unos niños a tirar la lanza. 

→ Madera de la Cruz, de la verdadera

La iglesia de la Vera Cruz, en Santa Cruz de la Sierra, alberga, claro está, una reliquia del Lignum Crucis; un trocito de madero cuya pertenencia se atribuye a la cruz en la que murió Jesucristo. Aunque algunas de las más famosas se encuentran en Jerusalén, Roma o Santiago, lo cierto es que hay tal cantidad de estas reliquias por el mundo que bien podríamos reconstruir con todas ellas no ya una cruz sino un galeón de Manila; aunque lo que se venera no es la cruz en sí sino lo que representa, así pues lo de menos es que sea real o no. De la de Santa Cruz de la Sierra sabemos poco, solo que llegó hace unas décadas y que comparte joyero con otra reliquia de San Felipe Neri. La tradición, el propio nombre de la localidad (que sobrevivió incluso al periodo musulmán) y una cruz muy brillante que se sostenía en el aire (vista por muchos a lo largo de los siglos) invitan a creer que hubo una primigenia cuyo paradero desconocemos. En el siglo XIV, el fraile Juan Gil de Zamora se hace eco de que varias reliquias, entre ellas un Lignum Crucis, llegaron desde Toledo huyendo de la invasión musulmana hasta un lugar a doce mil pasos de Trujillo, a poco más de dos leguas, lo que podría concordar con Santa Cruz de la Sierra.

En cualquier caso la iglesia, declarada bien de interés cultural y que es probablemente una superposición de construcciones sobre un templo originalmente visigodo -del que se conserva, por cierto, una columna con una cruz grabada a ambos lados- que fue mezquita después, merece sin duda una visita.

→ Con la iglesia hemos topado

Además de las ya mencionadas, otras dos iglesias de la comarca están declaradas monumento y curiosamente ambas advocadas a Santiago Apóstol: las de Garciaz y Miajadas. Esta última, en cuya construcción participó como en otras muchas en Extremadura el maestro de obras Pedro de Ybarra, está totalmente exenta y presenta por lo tanto cuatro entradas a su interior, en el que destaca especialmente la nave de cuatro tramos correspondiente a la obra original del siglo XVI. En cuanto a la de Garciaz es muy interesante el conjunto de azulejería talaverana de su interior, correspondiente a la etapa manierista de finales del siglo XVI y comienzos del XVII, momento en el que trabajaron en Talavera de la Reina maestros de prestigio como Juan Fernández.

→ El otro puente del Cardenal

Y para más cruces, estos sobre las aguas del río Almonte, uniendo los términos de Jaraicejo, al norte, y de Torrecillas de la Tiesa al sur, nos encontramos este magnífico puente medieval; su primera fase de construcción fue en 1440 por iniciativa del obispo de Plasencia Juan de Carvajal, a la postre cardenal en Roma, el mismo que hiciera levantar el otro puente homónimo hoy sumergido en las aguas del Tajo a su paso por Monfragüe. Años después, en 1493, los Reyes Católicos ordenaron una reparación con un presupuesto de 20 000 maravedíes a expensas del Concejo de la Mesta, debido al importante paso que suponía para el ganado trashumante. Y es que aquí convergen el camino real de Madrid a Lisboa y un ramal de la cañada real leonesa occidental, lo que posibilitó, por cierto, que siempre permaneciera exento de portazgo.

Probablemente, por este mismo puente cruzara el rey Fernando el Católico aquel mes de enero de 1516 en el que se dirigía desde Plasencia a Guadalupe para asistir a un capítulo de la Orden de Calatrava, cuando ante su mal estado de salud se vio obligado a desviarse hasta la casa de Santa María en Madrigalejo donde finalmente murió, no sin antes testar a favor de su nieto Carlos. Cuentan las malas lenguas que en su intento desesperado por tener un heredero con su segunda esposa, Germana de Foix, el rey aragonés abusó de un producto afrodisiaco llamado cantárida, extraído de un escarabajo verde de mismo nombre, conocido también como mosca española, lo que le pudo causar graves daños en la circulación sanguínea.

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LA PALETA DE COLORES DE MONFRAGÜE. Por Juan Varela

→ Ilustración y naturaleza

Hace 5000 años, pastores quizá, o cazadores que recorrían la sierra de las Corchuelas, dejaron constancia de su paso en las paredes de algunas cuevas: trazos esquemáticos representando seres humanos y animales. El óxido de hierro y el barro marcaron la roca hasta nuestros días. Y no cabe duda de que la sierra bravía, el Mons Fragorum de los romanos, con su densa vegetación y la variada fauna que la habitaba, debieron excitar la imaginación de aquellos primitivos artistas, como lo ha venido haciendo desde hace siglos y hasta la actualidad.

Rabilargos (Cyanopica cyanus)

La riqueza paisajística de Monfragüe y la reserva que lo incluye, debe tanto a su geología como a la cubierta vegetal que la viste. A lo largo del territorio se alternan llanuras, valles, lomas, solanas, umbrías, estrechas gargantas y portillas que proporcionan variedad de sustentos a la vegetación y hábitats para la fauna.

Salvo un desgraciado periodo durante el cual las consideraciones desarrollistas lo vieron como un mero terreno de producción maderera y de pasta de papel, la sierra ha sido admirable ejemplo de lo que se puede considerar un bosque mediterráneo: un hogar para multitud de especies animales residentes y lugar de acogida para invernantes del lejano norte. El agua, los ríos Tajo y Tiétar, es la otra riqueza natural de la sierra y la tercera fuente de color tras el pardo de la roca y el verde vegetal.

Elanio común (Elanus caeruleus) · Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Desde el punto de vista de la plástica del paisaje, la reserva de la biosfera en su conjunto aumenta la oferta del propio parque nacional, al aportar las explotaciones corcheras de los alcornocales que cada 9 años ofrecen un nuevo resurgir del rojo bermellón de la madera descubierta. Las dehesas de encina, por su parte, son continuamente recorridas por los destellos de color de rabilargos, carracas, colirrojos y otras especies que, sea verano o invierno, animan el paisaje. La sierra es la parte bravía que el ser humano desistió de explotar, la que se desliza suavemente hacia terrenos más propicios para la agricultura y el establecimiento de poblaciones. El color también cambia. La temperatura media, la precipitación y el tipo de suelo mandan sobre la vegetación que puede establecerse. Más de un 65% del territorio es arbolado, más claro o ausente en las zonas altas donde afloran las cuarcitas, y denso en las umbrías que bordean los cauces fluviales. De esta masa forestal se ha ido eliminando el foráneo eucaliptal y el pino rodeno que tan poco bien trajo al suelo y al paisaje de la reserva, alterando su fisionomía al suplantar a la vegetación autóctona y dar lugar a procesos erosivos de los frágiles suelos serranos. La dehesa ocupa cerca del 58% del territorio.

El color de la arboleda da para un denso estudio de la plástica del paisaje. La percepción sensorial y el análisis de los diferentes matices y distribución del color que se obtiene de una visita al parque van más allá de la simple descripción ilustrativa. Las adustas variedades del verde de las encinas, alcornoques y otros perennifolios contrastan con la alternancia de verdes grisáceos y amarillos por los que transitan los robledales de las zonas más frescas o los tonos luminosos de sauces, alisos, fresnos, álamos y otros pobladores de los terrenos de ribera o aluviales.

Jara pringosa (Cistus ladanifer) · Cantueso (Lavandula stoechas)

“Recorrer con la mirada el color del paisaje no es solo un deleite para la vista, el color representa muchas cosas para el ojo entrenado”

El inicio de la estación cálida trae otro tipo de color más efímero: son los violetas, amarillos, blancos y rojos que aporta la floración de arbustos y anuales como los brezales, las jaras, el jaguarzo, las genistas y aulagas, la retama, el cantueso y otras aromáticas junto a las que florecen en los encharcamientos temporales como nenúfares o polígonos. A todo ello se unen los restos de lo que fue la flora ancestral, los madroños, durillos, lentiscos, cornicabras, o labiérnagos. Todo un gran catálogo no sólo botánico sino de tintes, tonos y matices para llenar la paleta de cualquier artista.

Recorrer con la mirada el color del paisaje no es solo un deleite para la vista, el color representa muchas cosas para el ojo entrenado. Nos habla del terreno, del clima, de la presencia de agua o es un preludio de la estación que se avecina. El verde oscuro y coriáceo de encinas y alcornoques es el color de la tierra ácida y de escasa humedad a la que han sido relegados por la poca fertilidad del suelo para los cultivos. Los verdes más claros y agrisados se corresponden con suelos ácidos pero más frescos y por ellos ascienden los quejigos, cuyas hojas comienzan a alertar del otoño adquiriendo muchas de ellas el amarillo que durará hasta la siguiente primavera. Con su madera se hacían toneles de duración casi eterna y mangos de herramientas.

Zorro común (Vulpes vulpes)

La presencia de agua próxima se traduce en verdes luminosos y más azulados, pero solo durante la estación cálida; con el frío desaparece la hoja de chopos, fresnos y alisos, aunque la de éstos mantendrá el lustroso verde hasta el último momento. El sauce sargatillo y el chopo animan las riberas con los tonos pálidos y plateados de sus hojas de envés aterciopelado, que desaparecen también con la llegada del frío, después de que la planta nos regale esa nieve de verano que son las pelusas de las flores. Donde la sauceda desaparece y entremezclando la vegetación ribereña, verdean los pinchudos tamujos, una especialidad del suroeste ibérico incluida en el catálogo de especies amenazadas, que tuvo muchas aplicaciones como tintórea o para la fabricación de escobones.

Allá donde la vegetación de mayor porte ha desaparecido o ha sido aclarada, es donde prosperan las jaras, matorrales de hoja verde oscuro y brillante o más sedosa y pálida, que con la llegada del calor se cuajan de flores, blancas, rosadas o amarillas, según sea una u otra de las distintas especies que habitan la reserva: jara pringosa, cervuna, jaguarzo, estepa, jarilla o lacayuela. Los incendios favorecen su aparición. Junto a ellas, y a veces formando largas alfombras, se levantan las cabezas azul violáceo del espliego y algunas escobas de retama deshojadas y adornadas de flores amarillo cadmio.

“La contemplación de la naturaleza produce un efecto sedante, desplazarnos por el medio natural supone recorrer un espacio cambiante que nos ofrece una infinita variedad de estímulos sensoriales, olores sonidos y colores”

Águila calzada (Aquila pennata)

La gama cromática va cambiando al desplazarnos por la reserva y a lo largo del año. También al tomar una posición más cercana apreciamos las diferencias de matices y la repentina aparición de delicados contrastes y diminutos brotes de color, como los que surgen en los brezales o en las zonas de umbría del encinar, allí donde la metálica cubierta del fruto de los durillos azulea en el otoño. También en esta época podremos encontrar color, el negro azabache de los frutos del labiérnago, rojo pardo del lentisco, el naranja de los madroños o el rojo brillante del escaramujo y el majuelo. Pequeños y grandes fragmentos de paisaje salen al paso de quien quiera dedicar un poco de atención a su entorno.

El color de la naturaleza cambia, con las estaciones, con el transcurso del día y con nuestra capacidad de percepción. La contemplación de la naturaleza produce un efecto sedante, desplazarnos por el medio natural supone recorrer un espacio cambiante que nos ofrece una infinita variedad de estímulos sensoriales, olores sonidos y colores. Cuando regresamos de un paseo por el campo las sensaciones permanecen, vinculamos todo ello a nuestros recuerdos. El olor y el color de la jara o el destello azul y la voz áspera de una carraca que surge de la arboleda.

La observación detenida de la naturaleza, incluso sin ánimo de captar su esencia por medios artísticos, comporta una relación más estrecha con el medio natural y un aprendizaje más directo que la extendida costumbre de fotografiar de forma maquinal cualquier cosa que nos llame la atención sin apenas dedicar un minuto a entender el motivo que nos ha atraído. Las fotografías que de forma rutinaria tomamos, pasan a engrosar nuestros hinchados archivos de imagen de donde es muy probable que jamás las rescatemos para una segunda mirada.

Toda esta extensa y variada cubierta vegetal permite la vida de innumerables especies animales que también aportan su dosis de color. Basta empezar con el nutrido grupo de los insectos donde obviamente destacan las mariposas: la llamativa macaón; la inconfundible arlequín, otra especialidad de la península ibérica, sureste de Francia y norte de África; la espléndida mariposa del madroño o cuatro colas, quizá una de las más bellas por la extraordinaria y laberíntica combinación de colores del envés de las alas, que alterna distintos matices de naranja, blanco, azul cobalto, pardo rojizo, amarillo, negro y verde. Y la más grande de Europa, el gran pavón nocturno de hasta 16 centímetros de envergadura y elegantes tonos grisáceos y pardos. Sólo podremos ver al adulto durante una semana, el tiempo que puede vivir sin alimentarse y realizar la puesta; es la fase de oruga la que disfruta de una vida más larga.

Alimoche (Neophron percnopterus)

El mundo acuático es rico en endemismos, bajo la lámina de agua platean el cachuelo, la colmilleja o el barbo comiza entre otros. Este último protagoniza una remontada del Tajo para desovar en la cabecera del arroyo donde nació.

“Toda esta extensa y variada cubierta vegetal permite la vida de innumerables especies animales que también aportan su dosis de color: carboneros y herrerillos, petirrojos, currucas, lavanderas, collalbas, verdecillos, picogordos, pinzones, oropéndolas...”

Las aves son, seguramente el atractivo mayor de la reserva, sin duda las dos especies de buitre, el águila imperial o la cigüeña negra atraen casi toda la atención de los visitantes, si exceptuamos al vistoso alimoche, el color vivo es privilegio de las pequeñas aves: carboneros y herrerillos, petirrojos, currucas, lavanderas, collalbas, verdecillos, picogordos, pinzones, oropéndolas, carracas, rabilargos, arrendajos, abubillas y el campeón de los colores, el abejaruco. Cada uno en su época del año, cubren casi toda la paleta de colores que pueda llevar consigo un artista. Sin olvidar a una pequeña rapaz tan hermosa como huidiza: el elanio azul. En las zonas encharcadas o en las riberas no faltan las acuáticas, desde invernantes zampullines y esbeltos martines pescadores a blanquísimas garcetas o enlutados cormoranes.

Abejarucos (Merops apiaster)

En un terreno tan amplio y con pocos enemigos naturales campa el zorro a sus anchas. Tampoco se sienten muy presionados en este sentido los mamíferos más grandes de la reserva, los venados y jabalíes. Las más elegantes libreas las visten dos especies de familias próximas: los tejones y los meloncillos. Estos últimos cargando con el inmerecido “sambenito” de perjudicar a la fauna o al ganado por el reciente aumento de su población.

“La reserva de la biosfera de Monfragüe es |LS|...|RS| un compendio de muchas cosas en la que el factor humano y el aprovechamiento de los recursos renovables juegan un papel importante”

Lo cierto es que no parece que sea más abundante que su pariente la gineta pero sí más visible y social, por lo que la presencia diurna de pequeños grupos los hace parecer más abundantes.

A los grandes vertebrados se suman pequeñas joyas del color como el lagarto ocelado, la lagartija colirroja o la salamandra y, por la parte de los ofidios, las culebras bastarda, de herradura y de escalera, anfibios como las ranas común y patilarga completan el panorama de las familias.

Buitre negro (Aegypius monachus)

La reserva de la biosfera de Monfragüe es sin duda un compendio de muchas cosas en la que el factor humano y el aprovechamiento de recursos renovables juegan un papel importante, pero, para un artista, recorrer sus paisajes y apreciar el color es otra forma de evaluar la calidad de vida. Recorrerlos de forma regular es una manera de registrar una visión dinámica de ese color y asociarlo a los ciclos de la naturaleza, a los cambios estacionales y diarios que son también parte de nuestro propio ciclo vital como habitantes de este planeta.

AZUL PIEDRA · LAS HURDES

En Las Hurdes la propia piedra ha sido la principal aliada de sus habitantes para ganarle la partida a la fiera montaña.

Si hay algo que caracteriza a Las Hurdes es su peculiar arquitectura negra, acomodada a lo largo de siglos a la abrupta orografía del territorio, excavada por su imponente red hídrica, y a la que el uso de la piedra del lugar otorga una característica homogeneidad. Las típicas casas hurdanas, con sus techumbres de lanchas de pizarra negra, se distribuyen en calles estrechas y empinadas, adaptándose a este terreno profundamente desnivelado, lo que explica sus peculiares formas de plantas cuadradas, redondas o sencillamente irregulares. En la mayoría de ellas el interior se distribuía en dos partes bien diferenciadas: una doméstica, con alcobas y cocina, y otra para los animales, siempre con el pragmatismo como modus operandi.

Aunque la tendencia, por otro lado razonable, ha sido hacia el abandono de este tipo de construcciones en beneficio de casa más modernas y cómodas, aún se conservan muestras de esta arquitectura en Martilandrán, Fragosa, Asegur, Riomalo de Arriba y Ladrillar. También en Avellanar, Aceitunilla, Ovejuela, y los núcleos despoblados de Arrocerezo y de Corrales del Moral, en Horcajo. Y por supuesto es muy recomendable la visita al centro de interpretación de la Casa Hurdana, en El Gasco, localidad que por cierto conserva uno de los mejores conjuntos arquitectónicos.

Puentes, paredones o bancales para cultivo, son otras muestras de arquitectura tradicional presentes en toda la comarca, con las que los hurdanos han conquistado, piedra sobre piedra, la tierra a la montaña.

→ Los Puentes

Como ya hemos dicho, la potente red hídrica hurdana ha configurado su relieve, imponiendo de paso la necesidad de sortearla para permitir la movilidad de sus habitantes. En muchos casos se utilizaban tradicionalmente las propias pesqueras, represas en los cauces para capturar peces, o sencillamente pasaderas, una secuencia de grandes piedras dispuestas sobre los cauces, para atravesarlos, y probablemente no es hasta el siglo XVIII cuando se comienza a construir puentes como tales; si salvamos el de los Machos, en Ovejuela, que al estar asociado al cercano monasterio franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles -fundado en 1432 sobre un antiguo eremitorio y en el que ejerció su primera guardianía San Pedro de Alcántara, el patrón de Extremadura- con casi total seguridad es anterior. Al menos su vetusto aspecto invita a pensarlo.

Otro puente interesante y de aspecto tradicional es el del arroyo de Cambrón, cerca de la alquería homónima, que además da paso al centro de interpretación del Agua y el Medio Ambiente de Las Hurdes, un antiguo molino de aceite rodeado de montañas y vegetación.

Pero hay muchos más, algunos imponentes por su altura como el de Asegur; largos como el de Pinofranqueado o el que une Casar de Palomero con Caminomorisco, ambos sobre el río de los Ángeles; los de la Batuequilla y Nuñomoral sobre el río Hurdano, o el de la Vega de los Conejos y el del río Batuecas, los dos en Las Mestas. Y solo por mencionar algunos, porque haber, hay muchos más repartidos por toda la comarca.

→ Las campanas

La peculiar orografía de Las Hurdes determinó también, como casi todo lo demás según vemos, la ubicación de sus pueblos y alquerías, en la mayoría de los casos instaladas en profundos valles y separadas unas de otras por empinadas laderas. Sumada a las actividades tradicionales de pastoreo y apicultoras, que obligaban a internarse en el monte, hacían que fuera fundamental el uso de las campanas para llamar a los lugareños a reunión, anunciar defunciones, misas o hechos especiales, para lo que existía todo un código de mensajes. Incluso llegando al punto de protagonizar algunas leyendas locales, como en El Gasco, donde el uno de marzo, el día del Ángel, el sonido de unas campanadas fantasmales sale de una cueva cercana.

Como es normal dicho papel comunicador estaba relegado a las campanas de los templos parroquiales, discretos edificios en la mayoría de los casos en Las Hurdes con la salvedad de la iglesia de Santa Catalina, también llamada popularmente de las Lástimas, en Cambroncino, alquería de Caminomorisco; y los de Casar de Palomero, la basílica de la Cruz Bendita y la iglesia del Espíritu Santo, construidas sobre una sinagoga y una mezquita respectivamente, pues este fue un pueblo de convivencia de las tres culturas en los siglos anteriores a los edictos reales de expulsión. Otro caso interesante es el de Casares de las Hurdes, que cuenta con un peculiar campanario que no está asociado a una iglesia, aunque la tiene cerca; según parece pertenece al pueblo, mientras que el templo depende del obispado. Está en una pequeña plazoleta escondida desde la que se ven las imponentes sierras circundantes y es una construcción del mismo tipo de arquitectura tradicional que hay en la comarca. Dicen los habitantes del municipio que su sonido era tan fuerte que se oía en un radio de siete kilómetros, o sea, en Heras, Casarrubia, Huetre, Carabusino y Robledo, todas las alquerías de Casares de las Hurdes.

→ Y los petroglifos

Los petroglifos o grabados rupestres son generalmente recreaciones simbólicas grabadas en la roca, que se hicieron desgastando su capa superficial con instrumentos punzantes y que podríamos describir como los antecedentes de la escritura. En el caso de Las Hurdes se trata de un conjunto numeroso de características singulares, la mayor parte de ellos datados entre la Edad del Hierro y la época romana -pues en algunos aparecen espadas e inscripciones latinas- por lo que tienen entre 2500 y 1800 años de antigüedad. La mayoría carecen de carácter narrativo, o al menos es difícil encontrárselo, transmitiendo las ideas a través de símbolos bastante recurrentes como temas geométricos (círculos, estrellas) o herramientas (hoces, podones), formas de herradura, armas (espadas, cuchillos, puntas de lanza) y escaleras, resultando muy significativa la casi total ausencia de representaciones de seres humanos, animales o plantas. Otra curiosidad es que aparecen casi siempre en afloramientos rocosos al aire libre, en la superficie horizontal de la roca, a media ladera sobre el cauce de un río y orientados entre el noroeste y el noreste.

En la década de los dos mil se hizo una actuación de señalización e interpretación de buena parte del conjunto, por lo que existe una guía publicada y se pueden identificar in situ por una banderola metálica naranja sobre un poste de madera, junto a la que se encuentra el panel interpretativo y el grabado como tal.

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LOS HONGOS EN LA RESERVA DE LA BIOSFERA DE MONFRAGÜE. Por Pazzis Díe

Las setas, que no son sino la fructificación de los hongos superiores, se presentan en la naturaleza con formas increíblemente bellas y caprichosas.

Era abril de 1978 cuando llegué a Extremadura.

Poco tiempo después, un tórrido día de estío típicamente extremeño, con temperaturas casi insoportables, pisé por primera vez el recién constituido parque natural de Monfragüe, junto a mi marido José Ramón Gil para encontrarnos con Jesús Garzón (Suso para mí), cuñado de una gran amiga y compañera de José Ramón, médico internista como él.

Mi primera impresión fue de desánimo. La llegada desde Plasencia nos enfrentaba con una realidad penosa. En el camino hacia la presa del Tiétar, una vez pasado el puerto de la Serrana, el bosque mediterráneo había sido sustituido por eucaliptos. Acostumbrada a la sierra de Navacerrada, donde casi me crié, con sus frondosos bosques de robledales y pinos, aquel paisaje me impresionó negativamente.

Sin embargo, el encuentro con Suso, el cariño con el que nos recibió, el fervor con el que nos fue adentrando en ese entorno tan especial, me hizo descubrir una realidad muy diferente.

Una primera parada antes de cruzar el puente hacia La Bazagona. En el embalse del Tiétar pobre de agua en esa fecha, observamos los posaderos de los buitres, esas rocas llenas de manchas blancas por sus excrementos. Sobrevolaba un alimoche (al que posteriormente buscamos cada vez que pasábamos por allí, y se nos hacía que volvía para darnos la bienvenida), que alternaba su vuelo calmo con rápidos picados llamando nuestra atención. Y con ese espectáculo en el que por primera vez veía esos hermosos ejemplares de rapaces, empecé a amar Extremadura.

Especialmente disfrutamos en la Herguijuela y Cansinas, dos de las grandes fincas ubicadas dentro del hoy parque nacional de Monfragüe en las que pasé la mayor parte de los momentos lúdicos de esos mis primeros años en tierras extremeñas. Y fue el inicio de una amistad con Suso e Isabel su mujer, amistad que a lo largo del tiempo no hace sino crecer. Con ellos ese mismo otoño, cogí mis primeros níscalos en los pinares del poblado de los Saltos de Torrejón. 

Esos años llegué a patear la casi totalidad del parque, como visitadora excepcional, prudente, respetuosa, pues coincidieron con el nombramiento de José Ramón como presidente de la junta rectora del Parque Natural de Monfragüe, cargo que ostentó desde junio de 1983 hasta diciembre de 1987.

Entre sus amplias dehesas, frondosas umbrías, monte bajo mediterráneo abrupto, cerrado por jaras, quejigos, brezales, helechos y zarzales, comencé a descubrir esas mágicas setas que en ella crecían. Un ejemplar solitario aquí, un corro de brujas allá, escrutando suelos, árboles, aguzando la vista entre humus y densidad de matorrales, escondidas unas, provocativas otras.

Las lluvias caídas a finales de verano dejaban un halo de humedad y con la temperatura propia del "veranillo del membrillo" propiciaban una explosión de setas, los “frutos del bosque" que con su halo misterioso iban apareciendo ante mi cada una diferente en colorido y forma, invitando a acercarte, a admirarlas.

Ya habíamos comenzado a fotografiar cualquier seta que se nos pusiese por delante, mi marido con su cámara y yo de ayudante, portadora de trípode, flashes, y demás utensilios, gran descubridora de ejemplares varios. Con el gusanillo micológico dentro y el material fotográfico acumulado, surgió la idea de elaborar una pequeña guía para los que se iniciaban en el mágico mundo de las setas. Y nos pusimos a ello. Esas fotos por tanto, sirvieron en gran parte para ilustrar las "Guías de Setas de Extremadura I y II" que nos publicaron en los años 1987 y 1989.

Cantharellus cibarius

Con el gusanillo micológico dentro y el material fotográfico acumulado, surgió la idea de elaborar una pequeña guía para los que se iniciaban en el mágico mundo de las setas: las "Guías de Setas de Extremadura I y II"

→ Ecología de los hongos

Los hongos superiores son seres vivos heterótrofos, que incapaces de sintetizar sus propios nutrientes, deben alimentarse de sustancia orgánica ya formada. Según su manera de obtenerla se clasifican en:

Parásitos, los cuales se nutren de organismos vivos a los que provocan enfermedad o muerte, si bien suelen atacar a ejemplares envejecidos o enfermos. Su abundancia predice el estado biológico en el que se encuentra el bosque.

Saprofitos, que al nutrirse de materia orgánica muerta, y ayudados por agua, viento, sol, temperatura, humedad, animales, inician el proceso de degradación permitiendo la entrada de bacterias, y retornando esa materia inerte al suelo por lo que además de limpiarlo contribuyen al buen desarrollo y fertilidad de bosques, praderas y dehesas.

Amanita caesarea

El mayor porcentaje de hongos que alberga la reserva, pertenece a este grupo. Podemos encontrarlos sobre tocones de árboles, restos leñosos, astas de animales, insectos, piñas, erizos de castañas, excrementos, humus de praderas y bosques. Prácticamente les sirve cualquier sustrato.

Micorrizógenos, estos establecen una perfecta simbiosis con determinados vegetales, realizando una íntima relación entre el hongo y las raíces de aquellos, con un beneficio mutuo al proporcionarles nutrientes y hormonas, protegiendo sus raíces frente a agentes patógenos, aportándoles vitalidad en tanto que ellos obtienen los hidratos de carbono y glúcidos necesarios para su desarrollo. En la actualidad se están llevando a cabo repoblaciones de distintas especies arbóreas previamente micorrizadas para asegurarse éxito en su crecimiento y desarrollo vigoroso.

Las setas que no son sino la fructificación de los hongos superiores, se presentan en la naturaleza con formas increíblemente bellas y caprichosas, tanto en morfología como en color. La típica seta con forma de paraguas que consta pie y sombrero, comparte reino con otras que asemejan estrellas, cazoletas, esferas, corales, falos, coliflores, mazas, jaulas, conchas, pezuñas. Un sinfín de variedades. De aspecto delicado unas, toscas otras, atractivas, repugnantes. Tal es el prodigio de la naturaleza. Unas visibles sobre humus de suelo, tocones de árboles, por contra otro grupo permanece bajo tierra como las criadillas y trufas. Son hongos hipogeos.

La reserva con su clima básicamente mediterráneo y una saludable biomasa de grandes extensiones de árboles, matorrales, dehesas, zonas de ribera, es lugar especialmente propicio para observar y estudiar los hongos. Parte de ella está constituida por bosques adehesados en los que ha intervenido el hombre dedicándolas al pastoreo con grandes claros, permitiendo el paso de la luz lo que facilita la fructificación y mayor variedad de especies. En zonas más altas los alcornocales se mezclan con madroños, brezo, lentiscos, jaras. En ambas podemos encontrar amanitas, boletos, rúsulas, etc. En zonas de ribera con alisos y chopos crecen varias especies micorrizas. Muchos crecen en cualquier tipo de suelos independientemente de la vegetación pero otros, son afines a determinados tipos de hábitats. Se puede pues decir que cada bosque alberga su propio cortejo micológico.

Generalmente cuando salimos al campo en busca de las apreciadas setas, lo hacemos con fines gastronómicos. Por sus características organolépticaas aportan a la cocina una excelencia que resalta color, olor y sabor en los platos. Como quiera que las setas comestibles coinciden en género, hábitat, estación, momento, con setas extremadamente peligrosas, es necesario que su recolección se haga con sumo rigor de conocimiento. Desgraciadamente no hay año que se libre de algún micetismo grave.

“La reserva con su clima básicamente mediterráneo y una saludable biomasa de grandes extensiones de árboles, matorrales, dehesas, zonas de ribera, es lugar especialmente propicio para observar y estudiar los hongos”

→ Los hongos en la reserva de la biosfera de Monfragüe

Quien se aventure a disfrutar de un paseo por estos bosques podrá descubrir la gran riqueza y diversidad de especies que encierra la reserva. Los más estudiosos/curiosos, pueden consultar los resultados obtenidos a partir del proyecto de investigación sobre el cortejo fúngico de Monfragüe, que entre los años 1986-1990 llevó a cabo un equipo integrado por profesores y becarios del Departamento de Biología Vegetal, de la Universidad de Alcalá de Henares, liderado por el profesor Moreno Horcajada. Recogieron especies tanto en vegetación autóctona dominada por el género Quercus, como en alóctonas, repobladas principalmente con Pinus, sps, y Eucalyptus camaldulensis. La mayoría de las especies fueron encontradas en Las Cansinas y umbría del castillo de Monfragüe.

Dichos resultados pueden verse en el Boletín de la Sociedad Micológica de Madrid. En un primero (vol. 12, año 1987), se catalogan y describen 37 especies, 4 de ellas nuevas para España peninsular. Se amplía posteriormente en un segundo (vol. 14, año 1989) con 51 nuevas especies, 11 de las cuales nuevas para España peninsular. Gran porcentaje de estos hongos son micorrizógenos y saprofitos y mucho menos parásitos. Es por tanto un reducto de bosques saludables y vigorosos.

Muy probablemente en años próximos se sigan descubriendo especies interesantes.                    

Se puede unir placer y respeto. La reserva debe ser un lugar para preservar y a la vez disfrutar de todos y cada uno de los recursos que nos ofrece.

Por último no olvidar que es necesario continuar realizando una labor divulgativa/educativa sobre los hongos, enseñando cómo actúan, su utilidad, los cuidados necesarios para hacer más rentables y sostenibles los recursos naturales, dando valor a la relación entre seres vivos y el medio, cuidando la biodiversidad fúngica. Al tiempo se podrá ir ampliando el catálogo de sus hongos, identificando e inventariando las distintas especies.

En las siguientes tablas se exponen solo las setas más significativas en cada tipo de hábitat de la reserva de la biosfera de Monfragüe, por su rareza, abundancia, importancia ecológica y gastronómica, si bien todas juegan un papel primordial en el desarrollo de la vegetación mediterránea. Hay que tener en cuenta que algunas especies son comunes y comparten diferentes territorios. Solo son una muestra de la diversidad de especies que podemos encontrar.

AZUL PIEDRA · LA VERA

Cuatro conjuntos y un sitio histórico, un monasterio, iglesias monumentales, castillos, puentes, arquitectura popular... Con ustedes, La Vera.

La Vera lo tiene todo y aunque sea tópico insistir en ello, lo cierto es que el marchamo de retiro imperial que la propia comarca enarbola desde hace años, en alusión a los últimos días del emperador Carlos V en estas tierras, está bien traído. A la abundancia feraz de sus gargantas y vegas, con el río Tiétar como límite meridional, se le suma su orientación sureña -a “la vera” de los casi 2400 metros de la Covacha, el pico más alto de la sierra de Gredos aquí- dotándola de una climatología que ya quisieran muchos. Y claro, tanta bonanza tenía que traer consecuencias, empezando por un magro puñado de localidades, diecinueve para ser exactos, con un patrimonio arquitectónico y cultural de envergadura.

Lo primero que llama la atención de La Vera, después entraremos en detalles, es la atractiva arquitectura popular de sus localidades, esa propuesta de entramado tan serrana que ha servido para que Pasarón de la Vera, Garganta la Olla, Valverde de la Vera y Villanueva de la Vera sean declaradas conjuntos históricos, y que ha contribuido igualmente, aunque en este caso se suman otros factores, a que Cuacos de Yuste lo haya sido como sitio histórico; en estos pueblos la madera de castaño se asoma a la calle y junto al adobe o la piedra compone unos volúmenes tan peculiares como reconocibles. En Pasarón de la Vera, además, destaca el palacio de los condes de Osorno, donde residió Magdalena, el primer amor de don Juan de Austria. En Garganta la Olla hay que prestar atención a su iglesia de San Lorenzo; a la casa de Postas, en cuya columna una mancha oscura alerta de los temporales de lluvia, y a la azul casa de las Muñecas, que según parece fue prostíbulo en tiempos del emperador. En Valverde de la Vera, que fuera el primer señorío verato, es especialmente atractiva la plaza de España y en Villanueva de la Vera es muy reconocible la conocida casa del Barco, llamada así por su peculiar forma que recuerda a una embarcación.

→ El castillo de Jarandilla

Esta contundente construcción, también llamada castillo palacio de los condes de Oropesa, compone la imagen más reconocible de la localidad y probablemente una de las de la comarca. Actualmente pertenece a Paradores, la red nacional de hoteles y restaurantes, lo que permite visitarlo y disfrutarlo además alojándose en él, papel que curiosamente ya desempeñó en el siglo XVI cuando el emperador Carlos V se instaló aquí durante tres meses a la espera de la finalización de las obras del monasterio de San Jerónimo, en la cercana localidad de Cuacos de Yuste, donde había decidido pasar sus últimos días; no es de extrañar por sus características, en las que se aúnan elementos defensivos y residenciales propios de las edificaciones militares señoriales del siglo XV, que fue cuando tomó su forma actual bajo el dominio de los Álvarez de Toledo, señores de Jarandilla y Cabañas y condes de Oropesa. 

Lo cierto es que alojarse en este viejo castillo o sencillamente visitarlo, es una de las experiencias que ofrece la comarca; sus jardines, patios y terrazas son sencillamente deliciosos. Ilustres huéspedes como Felipe González, Helmut Kohl, Mijaíl Gorbachov, Jorge Sampaio o el mismísimo general De Gaulle, lo confirmarían.

→ Los Puentes

Tanta garganta y tanta agua tenía que plantear también dificultades, especialmente de movilidad, que, como no podía ser de otra forma, se solucionaron en cada caso con su correspondiente obra pontonera. Ya hemos visto en otras ocasiones la tendencia entre los lugareños a apellidar “romano” todo lo que parezca vetusto, especialmente los puentes, y las pocas veces que se corresponde con el origen real de los mismos. Por eso no es de extrañar que La Vera no sea una excepción, y aunque lo cierto es que no consta que por estas tierras discurriera calzada importante alguna ni hay restos romanos relevantes, muchas de estas construcciones lucen popularmente esta procedencia en sus nombres. La mayoría son obras medievales, con más o menos modificaciones a lo largo de los siglos, pero se puede decir que en general son de gran belleza por su espectacular altura para salvar las crecidas y que representan algunas de las imágenes más típicas de la comarca.

El puente “romano” de la Vega, en Cuacos de Yuste; el de Jaranda, uno de los menos accesibles pero en un entorno impresionante; el puente Parral, también en Jarandilla; el de Cuartos, en Losar de la Vera, uno de los más reconocibles por sus dos ojos y por estar en una popular zona de baño, y el puente “romano” o “viejo”, en la garganta de Alardos de Madrigal de la Vera, que impresiona por sus metros de luz, son algunos de los muchos que se pueden visitar a lo largo y ancho de la comarca.

→ San Jerónimo de Yuste

Popularmente conocido como monasterio de Yuste, o Yuste a secas, este complejo declarado patrimonio europeo pasó a la historia por albergar los últimos días del emperador Carlos V, tras abdicar en su hijo Felipe II, desde febrero de 1557 hasta septiembre de 1558. De esta manera lo que fuera originalmente el sencillo eremitorio de San Salvador de la Sierra, más tarde ampliado cuando se hizo cargo del mismo la Orden de San Jerónimo, acabó convertido en el conjunto que es hoy: el convento como tal con sus dos fantásticos claustros, el palacio del emperador en su mediodía, la iglesia y los jardines con su estanque.

La Orden de San Jerónimo estuvo muy ligada a las casas reales de los Trastámara, primero, y de los Austria después, dirigiendo importantes centros religiosos como El Escorial o Guadalupe y gestionando grandes territorios para la corona. Con la casa de Borbón perdieron pujanza y finalmente, tras sufrir tres exclaustraciones y las desamortizaciones en España y Portugal, su rama masculina desapareció. No obstante fue restaurada en 1925, ocupando de nuevo Yuste a mediados del siglo XX, una vez que el Estado se hizo cargo del edificio, para volver a abandonarlo definitivamente en 2011 ante las dificultades de la Orden para mantener su actividad por el escaso número de miembros, su edad y las molestias que las obras de adecuación en el edificio les causaba. De paso se llevaron con ellos 40 000 libros de la biblioteca que donaron a la Universidad Pontificia de Comillas, que afortunadamente volvieron en 2019 al monasterio, hoy sede de la Fundación Académica Europea de Yuste.

Actualmente el conjunto de San Jerónimo de Yuste es visitable todo el año, de martes a domingo, y las entradas pueden adquirirse en la taquilla del propio edificio o a través de la web de Patrimonio Nacional.

  AZUL PIEDRA - LA VERA
 
 
COLECCIONABLE AZUL PIEDRA
 

LUZ DE ESTRELLAS. Por José Luis Quiñones

En Monfragüe se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Ha caído la noche y, de repente, un nuevo mundo asombrosamente mágico se abre ante nuestros ojos. El cielo, antes iluminado de un perfecto azul, se ha convertido en un maravilloso manto de estrellas. Millones de ellas cubren nuestra bóveda celeste, marcando especialmente el trazo de nuestra gran casa, la Vía Láctea. La calma del aire, el olor de la tierra y de las encinas me embaucan y los sonidos de la noche me embrujan. He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Salto del Gitano

“He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras”

→ Nos encontramos en la reserva de la biosfera de Monfragüe

Monfragüe fue declarado parque nacional en el año 2007; uno de los últimos reductos de algunas especies en peligro de extinción donde aún cohabitan todos los seres vivos en armonía con el cosmos. Este paraíso de la naturaleza no sólo se circunscribe exactamente al contorno del parque y a los municipios afectados por el mismo, sino que incluye otros territorios de localidades limítrofes como Casas de Millán, Mirabel, Casatejada, Saucedilla, Romangordo, Higuera de Albalat y Deleitosa, que conforman junto a los anteriores la reserva de la biosfera de Monfragüe. Todos ellos disfrutando de un entorno privilegiado para el desarrollo natural de la fauna, la flora y la astronomía.

Fotografiar la noche en cualquier lugar del entorno de la reserva no es sólo una pasión por capturar bonitas imágenes, sino el descubrimiento de un mundo totalmente ancestral con el cual, en nuestra época, hemos perdido el contacto. Hace 3000 años no era así, el conocimiento del cielo era tecnología punta y el único calendario agrícola fiable. Cuando Sirio aparecía subiendo por el horizonte este, poco antes del amanecer, los egipcios sabían que entonces era el momento de sembrar, antes de que las aguas del adorado Nilo fertilizaran sus campos con su inundación anual.

Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica, un capricho colateral que hemos generado con el desarrollo de nuestra vida moderna y que nos ha llevado a inundar con luz el espacio de nuestros pueblos y ciudades. La lumínica es el tipo de contaminación menos conocida y la sociedad no es consciente del perjuicio que ocasiona tanto a la salud de las personas como a las otras especies que comparten el entorno con nosotros. El exceso de luz intrusa y el tipo empleado puede afectar a la salud de las personas, alterando sus ritmos circadianos. Y también ignoramos el daño que ocasionamos a las especies nocturnas que habitan el planeta desde hace millones de años y a las que les hemos esquilmado sus derechos. Ellas son las verdaderas propietarias del entorno nocturno, donde viven, cazan y se reproducen. No nos damos cuenta que otras miles de especies usan la noche para seguir viviendo, aprovechándose de la oscuridad para ocultarse y así no ser cazados.

La imagen de la Vía Láctea de invierno nos descubre la nebulosa de Orión, la Galaxía M31 o la estrella Sirio.

Pero también, la contaminación lumínica, nos ha aislado del universo. Tal es así, que el 80% de la población mundial, increíblemente, desconoce o no ha visto nunca la Vía Láctea. En una ciudad media, la cantidad de estrellas que uno puede observar a simple vista no llegan ni a una docena. Hoy, aunque soñemos con las estrellas, no las necesitamos para el desarrollo de nuestra vida diaria, han perdido su valor, aunque siguen manteniendo toda su magia.

La magia del descubrimiento de la noche y el conocimiento del cosmos, lo podemos aun disfrutar en este magnífico entorno natural de la reserva de la biosfera de Monfrague, que cuenta con uno de los cielos más oscuros de Europa. La Unesco, a través de la fundación Starlight, lo ha cuantificado, demostrado y certificado con los datos recopilados durante años sobre su fondo de cielo oscuro. Los cielos en la reserva son oscuros, transparentes, estables y con un porcentaje de noches oscuras y despejadas llegando al orden del 50%. En una noche sin nubes se pueden llegar a observar más de 2000 estrellas; uno entra en contacto directo con la energía que nos llega del cosmos, y la emoción, las sorpresas y el disfrute están garantizados. Justamente en Monfrague capturé mis primeras fotografías nocturnas, y desde entonces no he podido desengancharme de este paraíso.

Captar los objetos del cielo profundo con telescopios nos hace sentirnos como exploradores del infinito.

¿Por qué no hacer una inmersión nocturna en este paisaje tan singular? La aventura y la experiencia serán emocionantes. ¿Os apetece?, ¿me acompañáis? Para ello, deberíamos preparar un buen plan de observación astronómica.

Pero, ¿por dónde empezamos? Primero deberíamos tener claro nuestro plan de observación: qué incluye, qué objetos o eventos astronómicos queremos observar, la época en la que se pueden observar, elegir una ubicación singular y preparar el material adecuado que queremos utilizar para observar. No cabe decir que sería muy importante estudiar y aprender algo del cielo estrellado antes de ir.

→ Empecemos por elaborar un buen plan astronómico

Los días sin luna llena, podríamos querer plantearnos reconocer las 48 constelaciones observables desde nuestro hemisferio norte. En cada estación del año, desde los cielos oscuros de Monfragüe, descubriremos su ubicación en la bóveda celeste y sus caprichosas formas. ¡Es tan gratificante unir las distintas estrellas que forman la figura de cada constelación y saber a quién pertenece cada una! Es como acudir a una gran sala de cine donde, cada constelación, nos representa un personaje de película, mitológico, con una historia increíble que seguro os encantaría descubrir. Además, cada constelación, alberga numerosos objetos astronómicos y estrellas de gran belleza, que pueden observarse a simple vista, con prismáticos o mediante un pequeño telescopio. Toda una aventura excitante y llena de maravillas.

Desde Monfrague las encinas y las estrellas conforman la imagen de unión de nuestros cielos con la Tierra.

“Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica”

Os animo a descubrir el mundo de las estrellas; os nombro algunas muy interesantes, como Aldebarán, en la constelación de Tauro, visible en otoño e invierno. Una estrella gigante naranja, 425 veces más luminosa que el Sol al cual se le está acabando su combustible interno, empezando su fase de final de vida.

En la constelación de Orión, también visible en otoño e invierno, nos encontraremos a Rigel a 780 años luz de distancia, es una super-gigante blanco-azulada, estrellas de esta masa finalizan sus vidas en una explosión de supernova. También observaremos a Betelgeuse, una estrella brillante del tipo super-gigante roja, que en su tamaño máximo se extendería hasta más allá de la órbita de Marte.

Sirio, en la constelación de Can Mayor, es la estrella más brillante del cielo nocturno. Esta estrella es tan notable que es en realidad una estrella binaria y es muy conocida desde la antigüedad.

Deneb, es la estrella más brillante de la constelación del Cisne. Visible principalmente en verano, su potencia lumínica es tal que en un solo día genera tanta energía como el Sol en 140 años.

Polaris, quizás la estrella de la que más hemos oído hablar. Ubicada en la constelación de la Osa Menor, la estrella polar se encuentra casi exactamente sobre el eje de rotación de la Tierra y se usa de referencia para localizar el norte geográfico. Nos parece que todas las estrellas giran alrededor de ella, pero en realidad, nos delatan el movimiento de rotación de la Tierra.

Antares, situada en la constelación del Escorpión, visible durante el verano mirando hacia el sur. Es una super-gigante roja situada aproximadamente a 550 años luz del sistema solar. Si estuviese en el centro del nuestro, su superficie se extendería entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Vega, en la constelación de Lira, visible es la quinta estrella más brillante del cielo nocturno y la tercera del hemisferio norte celeste tras Sirio y Arturo. Vega ha sido muy estudiada por los astrónomos, llegando a ser catalogada como la estrella más importante en el cielo después del Sol. Vega fue la estrella polar alrededor del año 12.000 a. C.

Reloj solar, mirador Era de los Santos (Casas de Miravete)

Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas, todas ellas agrupadas formando un disco plano espiral. En primavera y verano, mirando entre el este y el sur, podemos reconocer parte de la Vía Láctea cuando nombramos y marcamos en el cielo la gran banda brillante del “Camino de Santiago”. La zona más espectacular es el centro galáctico, con el brazo de Sagitario. Es una zona riquísima con objetos astronómicos espectaculares para conocer a simple vista, con prismáticos o fotografiar.

Por otro lado, si quisiéramos descubrir la magia de observar la nebulosa de Orión, un centro energético brillante compuesto de nubes de gas y polvo donde están naciendo estrellas, tendríamos que elegir la temporada entre noviembre y abril. Se puede observar a simple vista, pero la mejor visión se obtiene con unos prismáticos o mediante un pequeño telescopio.

Puede que queramos contemplar la magia de los planetas y la Luna. Yo siempre recomiendo que la Luna se observe en alguna de sus fases intermedias, nunca en luna llena, ya que se verá plana y sin relieve; y además, nos contaminaría con tanta luz todo el entorno, que no nos dejaría ver las estrellas. Y por qué no, descubrir la belleza de los planetas como Venus, Marte, Júpiter o Saturno; realmente podemos disfrutar observándolos a simple vista, con prismáticos o con pequeños telescopios.

Otro buen plan astronómico es proyectar nuestra observación para disfrutar algunas de las numerosas lluvias de estrellas que acontecen durante el año. Las lluvias de estrellas son partículas sólidas provenientes del espacio relacionadas siempre con los restos que dejan los cometas al acercarse al Sol, más grandes que un átomo pero mucho más pequeñas que los asteroides y que se queman en la atmósfera terrestre y se los denominan meteoroides, que entran en la atmósfera y se consumen antes de caer al suelo. Algunos logran sobrevivir al paso por la atmósfera terrestre y si llegan a la superficie de la Tierra, se les denomina meteoritos. Las más famosas son la Perseidas en agosto, pero también existen otras lluvias muy interesantes e intensas que puedes planificar con tu viaje.

“Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas”

Pero, el espectáculo del universo es tan inmensamente grande, y existen tal cantidad de objetos de gran belleza que pueden ser observados, que sería conveniente consultar algunas de las numerosas páginas que existen en internet, donde indican qué observar y cuándo, en el cosmos. Sugiero que nos llevemos un planisferio o, como manda la modernidad, descargarnos alguno de los programas planetarios que se ofrecen para nuestro smartphone.

En general y como es de sentido común, las ubicaciones más adecuadas para realizar una observación astronómica óptima, deben ser aquellos lugares más alejados de cascos urbanos que ofrezcan una orografía plana y despejada o en su defecto los puntos más elevados de montañas y colinas, preferentemente despejados de arbolado, aprovechando mesetas.

La reserva de la biosfera de Monfragüe es un territorio magnífico, con muchos emplazamientos idóneos para ubicar nuestro puesto de observación nocturno. Para disfrutar de una experiencia tan gratificante e intensa, es sumamente importante y necesario acercarse y disfrutar previamente del lugar elegido durante el día. Con ello captaremos la belleza del entorno con luz, elegiremos el lugar de observación nocturna y evitaremos accidentes.

Dentro de esa programación debemos contar bien con el material astronómico que vamos a utilizar: prismáticos con trípode, pequeño telescopio, la cámara de fotos, el móvil, todo preparado y con las baterías cargadas. 

Importantísimo llevar ropa de abrigo, lo mejor de todo para protegerse del frío ya sea invierno o en verano, ya que las temperaturas pueden llegar a ser muy frescas en las dehesas extremeñas. Linterna o frontal: o te puedes abrir la cabeza. Usar una con luz roja para no molestar a los compañeros y no perder capacidad visual. Es interesante que sea de esas que van en la cabeza para poder tener las manos libres, como las de los espeleólogos.

El entorno de Monfragüe, a la luz de las estrellas, despertará nuestra curiosidad innata. La noche serena, el olor a encina, los sonidos de la vida, el espacio inmenso, la tierra mágica y bella, y nosotros solos al contemplar la inmensidad del firmamento, nos preguntaremos, qué otros espectáculos grandiosos y nuevos mundos existirán ahí fuera. Somos fruto de una casualidad cósmica o la vida es algo tan natural como uno la ve en la Tierra. Nos permitirá descubrir la gran pregunta que todos los seres humanos nos hacemos, cual es nuestro lugar en el universo y si existe vida fuera de nuestra Tierra.   

Preservemos este maravilloso regalo universal para el disfrute y el conocimiento de las próximas generaciones. Felices Cielos.

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