De caminos, de madera, de ríos y océanos, de piedra, de nombre... en Miajadas-Trujillo hay cruces y más cruces esperándonos.

Gran parte de los bienes patrimoniales de la comarca están concentrados en la histórica localidad de Trujillo, cruce de caminos que da ese aire toscano cuando se acerca uno, especialmente desde el este o el oeste. Además de ser conjunto histórico, varios edificios son monumentales a título individual, como es el caso de los palacios de San Carlos, del marqués de la Conquista, el Viejo o de las Cadenas y el de Juan Pizarro de Orellana; también el castillo y por supuesto el magnífico templo de Santa María la Mayor, que domina la plaza trujillana con su mole espigada. En Santa María precisamente están enterrados personajes de los linajes con más abolengo de la ciudad: los Vargas, Altamirano, Barrantes, Orellana… y también los restos del legendario Sansón extremeño, Diego García de Paredes. Este heroico personaje nacido en Trujillo en torno a 1468, luchó como soldado de fortuna en los ejércitos del papa Alejandro VI, pasó a los servicios del duque de Urbino tras matar en un duelo a uno de los capitanes papales y volvió algún tiempo después a estar bajo la protección de César Borgia participando en las tomas de Rímini, Fosara y Faenza. A las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, luchó en Grecia y Nápoles hasta acabar nombrado por este marqués de Colonetta, aunque tras caer en desgracia su protector se exilió dedicándose a la piratería por todo el Mediterráneo. Recuperó no obstante la estima real con Carlos V, participando en la campaña del norte de África, Italia, Flandes, Alemania o Austria, hasta ser nombrado Caballero de la Espuela Dorada por el propio emperador. Paradójicamente, tras una vida de hazañas bélicas murió por unas heridas producidas en un accidente cuando jugaba con unos niños a tirar la lanza. 

→ Madera de la Cruz, de la verdadera

La iglesia de la Vera Cruz, en Santa Cruz de la Sierra, alberga, claro está, una reliquia del Lignum Crucis; un trocito de madero cuya pertenencia se atribuye a la cruz en la que murió Jesucristo. Aunque algunas de las más famosas se encuentran en Jerusalén, Roma o Santiago, lo cierto es que hay tal cantidad de estas reliquias por el mundo que bien podríamos reconstruir con todas ellas no ya una cruz sino un galeón de Manila; aunque lo que se venera no es la cruz en sí sino lo que representa, así pues lo de menos es que sea real o no. De la de Santa Cruz de la Sierra sabemos poco, solo que llegó hace unas décadas y que comparte joyero con otra reliquia de San Felipe Neri. La tradición, el propio nombre de la localidad (que sobrevivió incluso al periodo musulmán) y una cruz muy brillante que se sostenía en el aire (vista por muchos a lo largo de los siglos) invitan a creer que hubo una primigenia cuyo paradero desconocemos. En el siglo XIV, el fraile Juan Gil de Zamora se hace eco de que varias reliquias, entre ellas un Lignum Crucis, llegaron desde Toledo huyendo de la invasión musulmana hasta un lugar a doce mil pasos de Trujillo, a poco más de dos leguas, lo que podría concordar con Santa Cruz de la Sierra.

En cualquier caso la iglesia, declarada bien de interés cultural y que es probablemente una superposición de construcciones sobre un templo originalmente visigodo -del que se conserva, por cierto, una columna con una cruz grabada a ambos lados- que fue mezquita después, merece sin duda una visita.

→ Con la iglesia hemos topado

Además de las ya mencionadas, otras dos iglesias de la comarca están declaradas monumento y curiosamente ambas advocadas a Santiago Apóstol: las de Garciaz y Miajadas. Esta última, en cuya construcción participó como en otras muchas en Extremadura el maestro de obras Pedro de Ybarra, está totalmente exenta y presenta por lo tanto cuatro entradas a su interior, en el que destaca especialmente la nave de cuatro tramos correspondiente a la obra original del siglo XVI. En cuanto a la de Garciaz es muy interesante el conjunto de azulejería talaverana de su interior, correspondiente a la etapa manierista de finales del siglo XVI y comienzos del XVII, momento en el que trabajaron en Talavera de la Reina maestros de prestigio como Juan Fernández.

→ El otro puente del Cardenal

Y para más cruces, estos sobre las aguas del río Almonte, uniendo los términos de Jaraicejo, al norte, y de Torrecillas de la Tiesa al sur, nos encontramos este magnífico puente medieval; su primera fase de construcción fue en 1440 por iniciativa del obispo de Plasencia Juan de Carvajal, a la postre cardenal en Roma, el mismo que hiciera levantar el otro puente homónimo hoy sumergido en las aguas del Tajo a su paso por Monfragüe. Años después, en 1493, los Reyes Católicos ordenaron una reparación con un presupuesto de 20 000 maravedíes a expensas del Concejo de la Mesta, debido al importante paso que suponía para el ganado trashumante. Y es que aquí convergen el camino real de Madrid a Lisboa y un ramal de la cañada real leonesa occidental, lo que posibilitó, por cierto, que siempre permaneciera exento de portazgo.

Probablemente, por este mismo puente cruzara el rey Fernando el Católico aquel mes de enero de 1516 en el que se dirigía desde Plasencia a Guadalupe para asistir a un capítulo de la Orden de Calatrava, cuando ante su mal estado de salud se vio obligado a desviarse hasta la casa de Santa María en Madrigalejo donde finalmente murió, no sin antes testar a favor de su nieto Carlos. Cuentan las malas lenguas que en su intento desesperado por tener un heredero con su segunda esposa, Germana de Foix, el rey aragonés abusó de un producto afrodisiaco llamado cantárida, extraído de un escarabajo verde de mismo nombre, conocido también como mosca española, lo que le pudo causar graves daños en la circulación sanguínea.

  AZUL PIEDRA - MIAJADAS TRUJILLO
 
 
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