Bien está la piedra en el agujero, como suele decirse; y así debe ser, como en pocos sitios, en Sierra de Gata. Castillos, arquitectura popular, iglesias y cinco magníficos conjuntos históricos que son la piedra de toque serragatina. 

Trevejo es, a pesar de lo que pueda parecer, una pedanía; tras la apisonadora de la Guerra de Independencia y las posteriores desamortizaciones se vio obligado a solicitar su supresión como municipio anexionándose al de Villamiel en 1859. Paradójicamente su posterior aislamiento conservó intactas sus esencias pétreas y gracias a la lucha por mantenerlas de personas como Chon, la que fuera su alcaldesa pedánea recordada con un busto en la puerta de su vivienda, hoy es uno de los mayores atractivos de la comarca.

Su castillo pasó a manos de las órdenes militares tras la ocupación de los territorios almohades por el reino de León, junto con los de Santibáñez el Alto, Eljas y Salvaleón; este último ha desaparecido y el resto no ha sobrevivido bien, la verdad, aunque todos merecen una visita, especialmente el de Trevejo, que con la iglesia y su espadaña anejas forman un conjunto formidable.

Algo más al norte se encuentra San Martín de Trevejo, donde los mañegos, como se conoce a sus habitantes, han sabido conservar su estilo de vida, reconocible tanto en el uso de su propia lengua -a fala, que comparten con las cercanas Eljas y Valverde del Fresno- como en la armonía arquitectónica de sus calles. Al igual que en otras localidades, como Gata, sus casas se caracterizan por fachadas con muros de piedra en su parte inferior, que suelen sobresalir hacia la calle a la altura del primer piso sosteniéndose sobre fuertes vigas de madera; en esto Robledillo de Gata tiene sus particularidades, ya que la inclinación del terreno donde se ubica el pueblo ha propiciado que se levanten dos, tres y hasta cuatro plantas. Todos ellos desprenden encanto serrano y sus callejuelas decoradas a menudo con tiestos de flores y plantas invitan a perderse.

Hoyos merece una mención aparte porque fue elegido por los obispos de Coria y cierta nobleza como lugar de residencia veraniega; aquí los escudos timbran portalones de casas palaciegas con sugerentes ventanas geminadas, y sus tres plazas, una de ellas antiguo coso taurino, dan buena muestra de la pasada alcurnia de la localidad.

→ Ay… los nombres

En la visita a Hoyos hay que prestar especial atención a la iglesia del Buen Varón, que tiene además una curiosa anécdota relacionada con su nombre: cuando en 1982 se redactó el expediente para declararla BIC (Bien de Interés Cultural), como en verdad le correspondería por sus magníficas hechuras y otros tesoros que cobija como el estupendo retablo mayor asociado al taller de los Churriguera, alguien confundió a un Varón con un Barón -quien además de ser varón posee una baronía- lo que llevó a que dicho expediente no tuviera continuidad en décadas. Afortunadamente el error se detectó y corrigió a finales del 2017 y ya tiene el reconocimiento y la protección que merece como monumento.

Algo similar, aunque parezca mentira, ocurrió con la imponente iglesia de la Asunción en Torre de Don Miguel, que por las mismas fechas se registró en el expediente original como la Anunciación, que son cosas bien distintas y no solo por su escritura: una es la elevación de la Virgen a los cielos en cuerpo y alma y la otra el anuncio del arcángel San Gabriel a la misma protagonista del misterio de la Encarnación; ahí es nada. Lo cierto es que el mejor escribano echa un borrón, y hasta 2018 no se ha solventado este, pasando ya a formar parte como monumento de los bienes inmuebles protegidos de la provincia. Desde luego es una visita muy interesante, aunque solo sea para apreciar los gloriosos volúmenes renacentistas de Pedro de Ybarra.

→ Ybarra y los Ángeles

Y hablando de Ybarra; figura clave del Renacimiento en Extremadura, a donde se dice que le trajo su enemistad y rivalidad con el madrileño Rodrigo Gil de Hontañón, como maestro mayor de la diócesis de Coria y la Orden de Alcántara se le deben buena parte de sus obras civiles, militares y religiosas. Entre ellas hay que acentuar la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en Acebo, a cuya magnífica torre, parte de la nave y trazas de la portada y el coro se dedicó desde 1554 a 1566, pocos años antes de morir. Es una visita iluminadora y también tiene la declaración de monumento.

→ Los Pajares

Para acabar, un lugar de interés etnológico: los Pajares de Santibáñez el Alto, que reflejan de manera incontaminada el modo de vida agroganadero tradicional. Se trata de un barrio de establos, cuartos de aperos y pajares con un régimen de propiedad muy peculiar: el terreno y la piedra de los edificios son del Ayuntamiento que los presta a los usufructuarios, quienes aportan la teja que podrán llevarse cuando abandonen su uso. 

  AZUL PIEDRA - PARQUE CULTURAL SIERRA DE GATA
 
 
COLECCIONABLE AZUL PIEDRA