Conservacionismo, turismo y comarcalización

Que la comarcalización en Extremadura es uno de sus principales talones de Aquiles es algo que no le pasa desapercibido a cualquiera que haya tenido contacto con su división territorial, especialmente en el ámbito turístico, si bien sabemos que tal problema afecta igualmente a la mayoría del estado y que se viene arrastrando desde hace siglos. A pesar de ambiciosos intentos como el censo de Floridablanca en el siglo XVIII o los partidos judiciales del XIX, es relativamente reciente, a partir de la creaciones de las comunidades autónomas, la intensificación de los esfuerzos en este sentido, con resultados, eso sí, bastante desiguales. No es objetivo nuestro -no estamos capacitados para ello además- analizar antropológica, política ni geográficamente los resultados de estos procesos y su actual realidad: para eso hay mentes más lúcidas y preparadas como Artemio Baigorri cuya conferencia “Comarcalización en Extremadura” en las I Jornadas sobre Ordenación del Territorio en Extremadura, celebradas en Cáceres en 1995, es de muy recomendable lectura a pesar de los veinte años pasados (podéis encontrarla aquí). En ella menciona también otros nombres, para quiénes les interese indagar en estos asuntos, como el de Sánchez Zabala, que ha estudiado sobradamente estas cuestiones; y no lo hace sin embargo con el de Antonio Campesino, aunque ya lo hacemos nosotros, que ha sido otra de las figuras de nuestra intelectualidad académica que ha analizado la ordenación del territorio extremeño y del que también es interesante y algo más actual su artículo “La ordenación territorial de la Extremadura del siglo XXI” publicado en la revista Territoris de la Universitat de les Illes Balears (descargar artículo).

Imagen: Parque Nacional de Monfragüe (vistas desde el castillo)

De este último nos interesa especialmente la incorporación de dos factores, si bien no excesivamente desarrollados en el artículo mencionado, como nuevos elementos a tener en cuenta en la ordenación territorial extremeña: turismo y conservacionismo. Nos interesa porque en este ámbito sí tenemos cierta experiencia y la fortuna de haber trabajado de una u otra forma en la mayoría, si no todas, de las comarcas extremeñas, participando en planes y proyectos turísticos o medioambientales hasta llegar a entender, si es que esto es posible en todos los casos, esa cierta maraña de modelos organizativos compuesta de ayuntamientos, grupos de acción local, mancomunidades -integrales o no-, diputaciones, etc., que no siempre encaja como cabría esperar; y es que hay que reconocer que el problema “casi irresoluble” que decía el antes mencionado Baigorri de la comarcalización de Extremadura resulta en efecto asaz complejo. Sin entrar en el viejo debate de las comarcas naturales o históricas versus las no tan naturales, de la tercera provincia o de las desavenencias ideológicas que no pocas veces han promovido en los últimos tiempos los movimientos organizativos en nuestro territorio, por nuestra parte estamos convencidos de que estos dos nuevos elementos que han irrumpido con vigor en Extremadura, especialmente en los últimos diez años, abren nuevas posibilidades no solo de modelos de desarrollo sino incluso de organización territorial.

A modo ilustrativo, en la reciente edición de la Feria Internacional de Turismo Ornitológico de Monfragüe (FIO 2016), asistimos al acto en el que se presentaba el material turístico que recientemente hemos desarrollado para la reserva de la biosfera de Monfragüe por encargo de la Diputación de Cáceres, jefe de filas del Plan de Competitividad Turística de este territorio. Se trataba básicamente de una guía con marcado carácter promocional y de una serie de mapas turísticos con una vocación más pragmática cuyo objetivo es propiciar o mejorar, en la medida de lo posible, la movilidad por la propia reserva de los visitantes y su acceso a los recursos de la misma. Dicho esto, la otra parte del acto, la relevante para ser justos, versaba sobre la presentación de la nueva composición del grupo de acción local ADEME (Asociación para el Desarrollo de Monfragüe y su Entorno) vertebrado ahora bajo el paraguas que la propia declaración como reserva de la biosfera proporciona, una declaración auspiciada por la UNESCO que si bien no aporta legislación ni estructura alguna más allá de reconocer en territorios específicos la convivencia sostenible del ser humano y su entorno, sí es susceptible de impulsar la creación de una nueva y solvente identidad, como así ha sido. La incorporación de la práctica totalidad de los municipios que integran un área reconocida por una organización internacional, como es el caso de las reservas de la biosfera y la UNESCO, a un grupo organizativo de carácter comarcal no solo es novedosa en Extremadura, sino que estamos convencidos de que es una excelente noticia que permitirá obtener mejores resultados que hasta la fecha si se es firme y consecuente en el trabajo. Parece evidente que disponiendo ya de una estructura como la que ofrece un grupo de acción local, ampliarla para ligarla estrechamente a una estrategia común como puede ser la sostenibilidad de un territorio reconocido como reserva de la biosfera ha de dar, obligatoriamente, mejores resultados que hacer la guerra cada uno por su lado, propiciando además dinámicas de funcionamiento que a buen seguro repercutirán en otros ámbitos de su actuación territorial, con la gestión de los fondos estructurales como mejor ejemplo. Como antecedente de algo similar podemos citar lo ocurrido en los últimos años en el geoparque Villuercas Ibores Jara, si bien en este caso la organización territorial, reconocible en su grupo de acción local y en la mancomunidad integral, era previa al reconocimiento de UNESCO. Pero no nos cabe duda, y tenemos también un estrecho vínculo con esta comarca y el propio proceso vivido hasta el reconocimiento final como geoparque mundial UNESCO, de que este hecho ha fortalecido los lazos de una comarca cuya identidad histórica, si descontamos la presencia del monasterio de Guadalupe y sus caminos de peregrinaje como elemento común a los tres territorios que hoy la conforman, no tenía una especial interacción entre estos; o no al menos tan relevante como el patrimonio geológico y su proyección turística hoy les da.
 
Imagen: Material turístico Monfragüe, Reserva de la Biosfera
 
Y ahora se abre una tercera ventana a este nuevo modelo de organización con el reciente reconocimiento del Tajo Internacional como reserva de la biosfera, a lo que habría que añadirle la anterior declaración como parque natural, un territorio cuya identidad comarcal ha sido, y damos fe de ello, una problemática que ha propiciado en no pocos casos que el desarrollo de algunos proyectos en el ámbito turístico no obtuvieran los resultados deseados. Hablando de memoria -y vayan por delante nuestras disculpas si no registramos aquí, por desconocimiento, cambios recientes- en lo que hoy conocemos como Tajo Internacional confluyen los grupos de acción local de Sierra de San Pedro-Los Baldíos (que a su vez integra municipios de Cáceres y Badajoz y solo ocho de los primeros se ven afectados por el parque), Tajo-Salor-Almonte y, finalmente, Valle del Alagón, puesto que Zarza la Mayor, integrada en este último, alberga el límite septentrional del parque natural. Algo parecido sucede con las tres mancomunidades que operan en la zona, a saber: Sierra de San Pedro, Tajo-Salor y Rivera de Fresnedosa, que a su vez no coinciden ni en nombre ni territorialmente con los grupos antes detallados. Y esto sin contar con la participación inevitable tanto de la Consejería de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio de la Junta de Extremadura, en cuanto a la gestión del parque natural se refiere, como de la Diputación de Cáceres, activamente implicada en el desarrollo turístico de este territorio en los últimos años. Y por supuesto sin entrar en que la declaración como reserva de la biosfera incorpora tres municipios nuevos a los once que conformaban el parque natural (Villa del Rey, Mata de Alcántara y Piedras Albas) y afecta también a la parte portuguesa, es decir al parque natural Tejo Internacional, lo que no por ser una magnífica noticia dejaría de ser objeto de otra interesante reflexión. Lo que queda claro en cualquier caso es que la distribución y gestión de este territorio es, cuando menos, complicada.
 
Sea como fuera, sin ánimo de sentar una cátedra que no tenemos y por supuesto con el mayor respeto hacia el trabajo de las personas que integran estas organizaciones territoriales en la zona, que lo uno no quita lo otro, nos parece que estamos ante una ocasión inmejorable para replantear el modelo organizativo o, al menos, propiciar ese debate. La pregunta por lo tanto es simple: ¿sería posible conformar, siguiendo la estela de lo ocurrido en Monfragüe, una nueva comarca compuesta por los catorce municipios afectados por la reserva de la biosfera del Tajo Internacional y que transgreda el ámbito turístico? Curiosamente todos ellos comparten un legado histórico muy reconocible que no ha sido sin embargo argumento suficiente como para dotar de identidad comarcal a este territorio hasta la fecha: el de la Orden de Alcántara. Claro que en este caso se plantearía el debate de San Vicente de Alcántara, el decimoquinto candidato, que no solo queda fuera del ámbito de la reserva sino incluso de la provincia de Cáceres, lo que por otro lado y en sí mismo, como en la actualidad ocurre, no es necesariamente un motivo de exclusión de un posible grupo de trabajo: vaya por delante que al menos dos de los municipios integrados en el caso de ADEME tampoco están geográficamente afectados por la demarcación de la reserva de la biosfera de Monfragüe aunque sí son colindantes, lo que allí ha resultado ser un argumento suficientemente razonable como para participar en el proyecto. Por otro lado está el eminente carácter “rayano” de todos ellos, si bien esto es más evidente en unos casos que en otros: se podría considerar que Herreruela, Salorino, o Brozas no tienen esa impronta, pero también cabría plantearse si estar a escasamente 30 kilómetros de la frontera con otro país no le imprime a uno cierta identidad fronteriza.
 
En cualquier caso, a la sombra de los próximos y eminentes fondos estructurales y mirando aún más allá, como le es ya perentorio a Extremadura, no nos cabe duda de que esta nueva demarcación y nomenclatura territorial que hoy llamamos Tajo Internacional, surgida en primer lugar del conservacionismo medioambiental, asentada después sobre su proyección turística y finalmente reconocida por una organización mundial, es ya una realidad que ha calado en cuantos nos referimos a ella indefectiblemente con ese nombre propio: nosotros mismos tuvimos la oportunidad de crear su identidad corporativa allá por el año 2010, cuando Tajo Internacional era un incipiente y aún poco conocido destino turístico. Quizá sea el momento de dar un paso más y superar diferencias para dotarlo ahora de una identidad organizativa acomodada al territorio y a sus circunstancias. Puede que los resultados, ya a la vista de todos interesantes, mejoren.
 

Imagen: Identidad corporativa Taejo Internacional

Imagen corporativa Tajo Internacional