Sierra de Montánchez rebosa historia, pero de la buena: Tamusia, Turobriga, Ataecina, la Vía de la Plata, la Orden de Santiago… ¿Quién da más?

La comarca de Sierra de Montánchez es el corazón de Extremadura, no solo por su ubicación, hasta su forma nos remite a esta maravillosa víscera. Lo cierto es que se encuentra en todo el centro, tanto respecto a norte y sur como a este y oeste, y esto, claro está, ha condicionado el devenir de su historia. La vieja calzada romana de la Vía de la Plata la marca en buena medida, desde luego, pero cientos de años antes ya estaban allí quienes dejaron sillares grabados con el nombre de Ataecina o levantaron murallas en el Tamuja. De la vía quedan miliarios como el del Cartero, en un hueco del cual dejaba el funcionario la correspondencia del cercano cortijo de Santiago de Bencáliz; y numerosos puentes medievales a los que con más o menos credibilidad se les suele apellidar romanos, que nos hablan del trajín de gentes y ganados que por aquí ha habido siempre.

También es interesante el pasado religioso de la comarca, apreciable en la vieja ermita del Salor, en Torrequemada, de atractivo origen templario; o en los esgrafiados del convento de los Agustinos Recoletos de Valdefuentes y en los frescos de la ermita del Cristo del Amparo, en Benquerencia. Ah, y magníficas iglesias como la de San Salvador en Almoharín, que es bien de interés cultural, o la de San Miguel en Zarza de Montánchez.

Y después está lo etnológico, que da mucho de sí: las Corralás, un conjunto de construcciones tradicionales vinculadas al manejo y cría del ganado porcino, hechas con piedra seca en la dehesa boyal de Torrequemada, son bien de interés cultural. Y atención a los molinos; no hay que perderse el conjunto de Arroyomolinos y Montánchez, que también está protegido, y menos conocidos pero muy interesantes son el conjunto de la presa de Casillas y sus molinos, que comparten Valdefuentes y Benquerencia. Hala, que vengo de molé, morena.

→ Delfines en el Tamuja

El río Tamuja, que nace en la sierra de los Alijares entre Zarza de Montánchez y Robledillo de Trujillo, avanza abriéndose camino por el llano hasta encajarse en el mismo excavando profundos riberos en una secuencia infinita de curvas, recurvas y meandros, para acabar diluido en el río Almonte. En lo alto de una de estas recurvas, en el término municipal de Botija -aunque con su necrópolis en el de Plasenzuela- se encuentra Villasviejas del Tamuja, un castro fortificado que tradicionalmente se ha relacionado con la vieja ciudad de Tamusia y los vetones, aunque parece ser que en algún momento pasó a estar poblada por celtíberos. Se trata de uno de los yacimientos más representativos de la Edad del Hierro Pleno en la Alta Extremadura, ya que los arqueólogos han podido identificar su secuencia de creación, remodelación, pérdida de valor defensivo y finalmente abandono. Según parece durante el siglo IV a. C. existían varios sitios habitados en las orillas del río Tamuja y este fue el elegido para reforzarlo con muralla. Su principal motor económico debió ser la explotación de los yacimientos de plomo argentífero de la comarca, lo suficientemente importantes como para que les permitiera incluso labrar moneda de curso legal -ases concretamente, en los que pueden verse dos delfines enmarcando un rostro masculino- acuñados en el siglo II a.C y en los inicios del I a.C., grabados respectivamente con el nombre latino de Tamusiensi y céltico de Tnusia. Todo encaja.

→ La Renacida

La basílica visigoda de Santa Lucía del Trampal es una de las obras más relevantes de las construcciones altomedievales de la península ibérica, que sin embargo había pasado prácticamente desapercibida hasta que a finales del siglo pasado renacía gracias al matrimonio formado por Juan Rosco y Luisa Téllez. Probablemente este templo (datado en la segunda mitad del siglo VII d.C. aunque hay quienes le adjudican algún siglo menos de edad) pertenecería a un complejo monástico, ya que se han encontrado restos de otros edificios cercanos y una segunda iglesia, al igual que piezas arqueológicas de época prerromana y romana, por lo que se cree que fue construido a su vez sobre un lugar de culto anterior aprovechando los materiales, como queda constancia en numerosos sillares de sus muros donde pueden leerse inscripciones dedicadas a la diosa prerromana Ataecina, probablemente del siglo VI a.C. Estas inscripciones hacen referencia también a la mítica ciudad celtíbera de Turobriga, esa que muchos expertos defienden que aún no ha sido localizada, aunque los de Aroche, en Huelva, no opinan lo mismo.

En cuanto a Ataecina, la Renacida, era una de las diosas indígenas más importantes para pueblos de raíz céltica como vetones y túrdulos; tutelaba la regeneración de la vida, las aguas, la fecundidad y el inframundo. Una diosa madre ancestral, vaya. Todo parece indicar que el Trampal fue un espacio dedicado a su culto, un lugar de encuentro para los pueblos que habitaban Extremadura en la Edad del Hierro, de cuya devoción posteriormente se apropiarían los romanos asociándola a Proserpina.

→ El castillo de Montánchez

Su ubicación en un gigantesco afloramiento granítico, idóneo por su altura y la protección natural que ofrece, sumada a su situación estratégica entre Trujillo, Mérida y Cáceres, lo convirtió en un punto caliente en las luchas entre musulmanes y cristianos, pasando intermitentemente del dominio de unos a otros hasta ser definitivamente conquistado por Alfonso IX en 1230, quien lo donó a la Orden de Santiago. Aunque la edificación actual mantiene elementos como el aljibe, de su fase constructiva almohade en torno al siglo XII, lo que apreciamos se corresponde en gran parte con actuaciones durante los siglos siguientes ya bajo el dominio cristiano, especialmente de los santiaguistas.

Precisamente mediado el siglo XII fue arrebatado a los almohades, junto a las plazas fuertes de Trujillo, Santa Cruz, Monfragüe y la mismísima Cáceres, entre otras, por el temible caudillo de guerra portugués Geraldo Sempavor, no queda claro si en nombre propio o del rey Alfonso de Portugal, con quien después unió fuerzas para atacar Badajoz donde encontraron finalmente la derrota.

Ya a partir del siglo XVI, con la caída de las órdenes militares, deja de ser cabeza de encomienda para convertirse en prisión del Estado: aquí estuvo confinado Rodrigo Calderón de Aranda, militar y político español al servicio de Felipe III acusado de asesinato y brujería, ahí es nada, extremo este último que negó aún bajo tormento, lo que no impidió que fuera ajusticiado en la plaza Mayor de Madrid en 1621, ya con Felipe IV sentado en el trono. 

  AZUL PIEDRA - SIERRA DE MONTÁNCHEZ
 
 
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