AZUL PIEDRA · LAS HURDES

En Las Hurdes la propia piedra ha sido la principal aliada de sus habitantes para ganarle la partida a la fiera montaña.

Si hay algo que caracteriza a Las Hurdes es su peculiar arquitectura negra, acomodada a lo largo de siglos a la abrupta orografía del territorio, excavada por su imponente red hídrica, y a la que el uso de la piedra del lugar otorga una característica homogeneidad. Las típicas casas hurdanas, con sus techumbres de lanchas de pizarra negra, se distribuyen en calles estrechas y empinadas, adaptándose a este terreno profundamente desnivelado, lo que explica sus peculiares formas de plantas cuadradas, redondas o sencillamente irregulares. En la mayoría de ellas el interior se distribuía en dos partes bien diferenciadas: una doméstica, con alcobas y cocina, y otra para los animales, siempre con el pragmatismo como modus operandi.

Aunque la tendencia, por otro lado razonable, ha sido hacia el abandono de este tipo de construcciones en beneficio de casa más modernas y cómodas, aún se conservan muestras de esta arquitectura en Martilandrán, Fragosa, Asegur, Riomalo de Arriba y Ladrillar. También en Avellanar, Aceitunilla, Ovejuela, y los núcleos despoblados de Arrocerezo y de Corrales del Moral, en Horcajo. Y por supuesto es muy recomendable la visita al centro de interpretación de la Casa Hurdana, en El Gasco, localidad que por cierto conserva uno de los mejores conjuntos arquitectónicos.

Puentes, paredones o bancales para cultivo, son otras muestras de arquitectura tradicional presentes en toda la comarca, con las que los hurdanos han conquistado, piedra sobre piedra, la tierra a la montaña.

→ Los Puentes

Como ya hemos dicho, la potente red hídrica hurdana ha configurado su relieve, imponiendo de paso la necesidad de sortearla para permitir la movilidad de sus habitantes. En muchos casos se utilizaban tradicionalmente las propias pesqueras, represas en los cauces para capturar peces, o sencillamente pasaderas, una secuencia de grandes piedras dispuestas sobre los cauces, para atravesarlos, y probablemente no es hasta el siglo XVIII cuando se comienza a construir puentes como tales; si salvamos el de los Machos, en Ovejuela, que al estar asociado al cercano monasterio franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles -fundado en 1432 sobre un antiguo eremitorio y en el que ejerció su primera guardianía San Pedro de Alcántara, el patrón de Extremadura- con casi total seguridad es anterior. Al menos su vetusto aspecto invita a pensarlo.

Otro puente interesante y de aspecto tradicional es el del arroyo de Cambrón, cerca de la alquería homónima, que además da paso al centro de interpretación del Agua y el Medio Ambiente de Las Hurdes, un antiguo molino de aceite rodeado de montañas y vegetación.

Pero hay muchos más, algunos imponentes por su altura como el de Asegur; largos como el de Pinofranqueado o el que une Casar de Palomero con Caminomorisco, ambos sobre el río de los Ángeles; los de la Batuequilla y Nuñomoral sobre el río Hurdano, o el de la Vega de los Conejos y el del río Batuecas, los dos en Las Mestas. Y solo por mencionar algunos, porque haber, hay muchos más repartidos por toda la comarca.

→ Las campanas

La peculiar orografía de Las Hurdes determinó también, como casi todo lo demás según vemos, la ubicación de sus pueblos y alquerías, en la mayoría de los casos instaladas en profundos valles y separadas unas de otras por empinadas laderas. Sumada a las actividades tradicionales de pastoreo y apicultoras, que obligaban a internarse en el monte, hacían que fuera fundamental el uso de las campanas para llamar a los lugareños a reunión, anunciar defunciones, misas o hechos especiales, para lo que existía todo un código de mensajes. Incluso llegando al punto de protagonizar algunas leyendas locales, como en El Gasco, donde el uno de marzo, el día del Ángel, el sonido de unas campanadas fantasmales sale de una cueva cercana.

Como es normal dicho papel comunicador estaba relegado a las campanas de los templos parroquiales, discretos edificios en la mayoría de los casos en Las Hurdes con la salvedad de la iglesia de Santa Catalina, también llamada popularmente de las Lástimas, en Cambroncino, alquería de Caminomorisco; y los de Casar de Palomero, la basílica de la Cruz Bendita y la iglesia del Espíritu Santo, construidas sobre una sinagoga y una mezquita respectivamente, pues este fue un pueblo de convivencia de las tres culturas en los siglos anteriores a los edictos reales de expulsión. Otro caso interesante es el de Casares de las Hurdes, que cuenta con un peculiar campanario que no está asociado a una iglesia, aunque la tiene cerca; según parece pertenece al pueblo, mientras que el templo depende del obispado. Está en una pequeña plazoleta escondida desde la que se ven las imponentes sierras circundantes y es una construcción del mismo tipo de arquitectura tradicional que hay en la comarca. Dicen los habitantes del municipio que su sonido era tan fuerte que se oía en un radio de siete kilómetros, o sea, en Heras, Casarrubia, Huetre, Carabusino y Robledo, todas las alquerías de Casares de las Hurdes.

→ Y los petroglifos

Los petroglifos o grabados rupestres son generalmente recreaciones simbólicas grabadas en la roca, que se hicieron desgastando su capa superficial con instrumentos punzantes y que podríamos describir como los antecedentes de la escritura. En el caso de Las Hurdes se trata de un conjunto numeroso de características singulares, la mayor parte de ellos datados entre la Edad del Hierro y la época romana -pues en algunos aparecen espadas e inscripciones latinas- por lo que tienen entre 2500 y 1800 años de antigüedad. La mayoría carecen de carácter narrativo, o al menos es difícil encontrárselo, transmitiendo las ideas a través de símbolos bastante recurrentes como temas geométricos (círculos, estrellas) o herramientas (hoces, podones), formas de herradura, armas (espadas, cuchillos, puntas de lanza) y escaleras, resultando muy significativa la casi total ausencia de representaciones de seres humanos, animales o plantas. Otra curiosidad es que aparecen casi siempre en afloramientos rocosos al aire libre, en la superficie horizontal de la roca, a media ladera sobre el cauce de un río y orientados entre el noroeste y el noreste.

En la década de los dos mil se hizo una actuación de señalización e interpretación de buena parte del conjunto, por lo que existe una guía publicada y se pueden identificar in situ por una banderola metálica naranja sobre un poste de madera, junto a la que se encuentra el panel interpretativo y el grabado como tal.

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LOS HONGOS EN LA RESERVA DE LA BIOSFERA DE MONFRAGÜE. Por Pazzis Díe

Las setas, que no son sino la fructificación de los hongos superiores, se presentan en la naturaleza con formas increíblemente bellas y caprichosas.

Era abril de 1978 cuando llegué a Extremadura.

Poco tiempo después, un tórrido día de estío típicamente extremeño, con temperaturas casi insoportables, pisé por primera vez el recién constituido parque natural de Monfragüe, junto a mi marido José Ramón Gil para encontrarnos con Jesús Garzón (Suso para mí), cuñado de una gran amiga y compañera de José Ramón, médico internista como él.

Mi primera impresión fue de desánimo. La llegada desde Plasencia nos enfrentaba con una realidad penosa. En el camino hacia la presa del Tiétar, una vez pasado el puerto de la Serrana, el bosque mediterráneo había sido sustituido por eucaliptos. Acostumbrada a la sierra de Navacerrada, donde casi me crié, con sus frondosos bosques de robledales y pinos, aquel paisaje me impresionó negativamente.

Sin embargo, el encuentro con Suso, el cariño con el que nos recibió, el fervor con el que nos fue adentrando en ese entorno tan especial, me hizo descubrir una realidad muy diferente.

Una primera parada antes de cruzar el puente hacia La Bazagona. En el embalse del Tiétar pobre de agua en esa fecha, observamos los posaderos de los buitres, esas rocas llenas de manchas blancas por sus excrementos. Sobrevolaba un alimoche (al que posteriormente buscamos cada vez que pasábamos por allí, y se nos hacía que volvía para darnos la bienvenida), que alternaba su vuelo calmo con rápidos picados llamando nuestra atención. Y con ese espectáculo en el que por primera vez veía esos hermosos ejemplares de rapaces, empecé a amar Extremadura.

Especialmente disfrutamos en la Herguijuela y Cansinas, dos de las grandes fincas ubicadas dentro del hoy parque nacional de Monfragüe en las que pasé la mayor parte de los momentos lúdicos de esos mis primeros años en tierras extremeñas. Y fue el inicio de una amistad con Suso e Isabel su mujer, amistad que a lo largo del tiempo no hace sino crecer. Con ellos ese mismo otoño, cogí mis primeros níscalos en los pinares del poblado de los Saltos de Torrejón. 

Esos años llegué a patear la casi totalidad del parque, como visitadora excepcional, prudente, respetuosa, pues coincidieron con el nombramiento de José Ramón como presidente de la junta rectora del Parque Natural de Monfragüe, cargo que ostentó desde junio de 1983 hasta diciembre de 1987.

Entre sus amplias dehesas, frondosas umbrías, monte bajo mediterráneo abrupto, cerrado por jaras, quejigos, brezales, helechos y zarzales, comencé a descubrir esas mágicas setas que en ella crecían. Un ejemplar solitario aquí, un corro de brujas allá, escrutando suelos, árboles, aguzando la vista entre humus y densidad de matorrales, escondidas unas, provocativas otras.

Las lluvias caídas a finales de verano dejaban un halo de humedad y con la temperatura propia del "veranillo del membrillo" propiciaban una explosión de setas, los “frutos del bosque" que con su halo misterioso iban apareciendo ante mi cada una diferente en colorido y forma, invitando a acercarte, a admirarlas.

Ya habíamos comenzado a fotografiar cualquier seta que se nos pusiese por delante, mi marido con su cámara y yo de ayudante, portadora de trípode, flashes, y demás utensilios, gran descubridora de ejemplares varios. Con el gusanillo micológico dentro y el material fotográfico acumulado, surgió la idea de elaborar una pequeña guía para los que se iniciaban en el mágico mundo de las setas. Y nos pusimos a ello. Esas fotos por tanto, sirvieron en gran parte para ilustrar las "Guías de Setas de Extremadura I y II" que nos publicaron en los años 1987 y 1989.

Cantharellus cibarius

Con el gusanillo micológico dentro y el material fotográfico acumulado, surgió la idea de elaborar una pequeña guía para los que se iniciaban en el mágico mundo de las setas: las "Guías de Setas de Extremadura I y II"

→ Ecología de los hongos

Los hongos superiores son seres vivos heterótrofos, que incapaces de sintetizar sus propios nutrientes, deben alimentarse de sustancia orgánica ya formada. Según su manera de obtenerla se clasifican en:

Parásitos, los cuales se nutren de organismos vivos a los que provocan enfermedad o muerte, si bien suelen atacar a ejemplares envejecidos o enfermos. Su abundancia predice el estado biológico en el que se encuentra el bosque.

Saprofitos, que al nutrirse de materia orgánica muerta, y ayudados por agua, viento, sol, temperatura, humedad, animales, inician el proceso de degradación permitiendo la entrada de bacterias, y retornando esa materia inerte al suelo por lo que además de limpiarlo contribuyen al buen desarrollo y fertilidad de bosques, praderas y dehesas.

Amanita caesarea

El mayor porcentaje de hongos que alberga la reserva, pertenece a este grupo. Podemos encontrarlos sobre tocones de árboles, restos leñosos, astas de animales, insectos, piñas, erizos de castañas, excrementos, humus de praderas y bosques. Prácticamente les sirve cualquier sustrato.

Micorrizógenos, estos establecen una perfecta simbiosis con determinados vegetales, realizando una íntima relación entre el hongo y las raíces de aquellos, con un beneficio mutuo al proporcionarles nutrientes y hormonas, protegiendo sus raíces frente a agentes patógenos, aportándoles vitalidad en tanto que ellos obtienen los hidratos de carbono y glúcidos necesarios para su desarrollo. En la actualidad se están llevando a cabo repoblaciones de distintas especies arbóreas previamente micorrizadas para asegurarse éxito en su crecimiento y desarrollo vigoroso.

Las setas que no son sino la fructificación de los hongos superiores, se presentan en la naturaleza con formas increíblemente bellas y caprichosas, tanto en morfología como en color. La típica seta con forma de paraguas que consta pie y sombrero, comparte reino con otras que asemejan estrellas, cazoletas, esferas, corales, falos, coliflores, mazas, jaulas, conchas, pezuñas. Un sinfín de variedades. De aspecto delicado unas, toscas otras, atractivas, repugnantes. Tal es el prodigio de la naturaleza. Unas visibles sobre humus de suelo, tocones de árboles, por contra otro grupo permanece bajo tierra como las criadillas y trufas. Son hongos hipogeos.

La reserva con su clima básicamente mediterráneo y una saludable biomasa de grandes extensiones de árboles, matorrales, dehesas, zonas de ribera, es lugar especialmente propicio para observar y estudiar los hongos. Parte de ella está constituida por bosques adehesados en los que ha intervenido el hombre dedicándolas al pastoreo con grandes claros, permitiendo el paso de la luz lo que facilita la fructificación y mayor variedad de especies. En zonas más altas los alcornocales se mezclan con madroños, brezo, lentiscos, jaras. En ambas podemos encontrar amanitas, boletos, rúsulas, etc. En zonas de ribera con alisos y chopos crecen varias especies micorrizas. Muchos crecen en cualquier tipo de suelos independientemente de la vegetación pero otros, son afines a determinados tipos de hábitats. Se puede pues decir que cada bosque alberga su propio cortejo micológico.

Generalmente cuando salimos al campo en busca de las apreciadas setas, lo hacemos con fines gastronómicos. Por sus características organolépticaas aportan a la cocina una excelencia que resalta color, olor y sabor en los platos. Como quiera que las setas comestibles coinciden en género, hábitat, estación, momento, con setas extremadamente peligrosas, es necesario que su recolección se haga con sumo rigor de conocimiento. Desgraciadamente no hay año que se libre de algún micetismo grave.

“La reserva con su clima básicamente mediterráneo y una saludable biomasa de grandes extensiones de árboles, matorrales, dehesas, zonas de ribera, es lugar especialmente propicio para observar y estudiar los hongos”

→ Los hongos en la reserva de la biosfera de Monfragüe

Quien se aventure a disfrutar de un paseo por estos bosques podrá descubrir la gran riqueza y diversidad de especies que encierra la reserva. Los más estudiosos/curiosos, pueden consultar los resultados obtenidos a partir del proyecto de investigación sobre el cortejo fúngico de Monfragüe, que entre los años 1986-1990 llevó a cabo un equipo integrado por profesores y becarios del Departamento de Biología Vegetal, de la Universidad de Alcalá de Henares, liderado por el profesor Moreno Horcajada. Recogieron especies tanto en vegetación autóctona dominada por el género Quercus, como en alóctonas, repobladas principalmente con Pinus, sps, y Eucalyptus camaldulensis. La mayoría de las especies fueron encontradas en Las Cansinas y umbría del castillo de Monfragüe.

Dichos resultados pueden verse en el Boletín de la Sociedad Micológica de Madrid. En un primero (vol. 12, año 1987), se catalogan y describen 37 especies, 4 de ellas nuevas para España peninsular. Se amplía posteriormente en un segundo (vol. 14, año 1989) con 51 nuevas especies, 11 de las cuales nuevas para España peninsular. Gran porcentaje de estos hongos son micorrizógenos y saprofitos y mucho menos parásitos. Es por tanto un reducto de bosques saludables y vigorosos.

Muy probablemente en años próximos se sigan descubriendo especies interesantes.                    

Se puede unir placer y respeto. La reserva debe ser un lugar para preservar y a la vez disfrutar de todos y cada uno de los recursos que nos ofrece.

Por último no olvidar que es necesario continuar realizando una labor divulgativa/educativa sobre los hongos, enseñando cómo actúan, su utilidad, los cuidados necesarios para hacer más rentables y sostenibles los recursos naturales, dando valor a la relación entre seres vivos y el medio, cuidando la biodiversidad fúngica. Al tiempo se podrá ir ampliando el catálogo de sus hongos, identificando e inventariando las distintas especies.

En las siguientes tablas se exponen solo las setas más significativas en cada tipo de hábitat de la reserva de la biosfera de Monfragüe, por su rareza, abundancia, importancia ecológica y gastronómica, si bien todas juegan un papel primordial en el desarrollo de la vegetación mediterránea. Hay que tener en cuenta que algunas especies son comunes y comparten diferentes territorios. Solo son una muestra de la diversidad de especies que podemos encontrar.

AZUL PIEDRA · LA VERA

Cuatro conjuntos y un sitio histórico, un monasterio, iglesias monumentales, castillos, puentes, arquitectura popular... Con ustedes, La Vera.

La Vera lo tiene todo y aunque sea tópico insistir en ello, lo cierto es que el marchamo de retiro imperial que la propia comarca enarbola desde hace años, en alusión a los últimos días del emperador Carlos V en estas tierras, está bien traído. A la abundancia feraz de sus gargantas y vegas, con el río Tiétar como límite meridional, se le suma su orientación sureña -a “la vera” de los casi 2400 metros de la Covacha, el pico más alto de la sierra de Gredos aquí- dotándola de una climatología que ya quisieran muchos. Y claro, tanta bonanza tenía que traer consecuencias, empezando por un magro puñado de localidades, diecinueve para ser exactos, con un patrimonio arquitectónico y cultural de envergadura.

Lo primero que llama la atención de La Vera, después entraremos en detalles, es la atractiva arquitectura popular de sus localidades, esa propuesta de entramado tan serrana que ha servido para que Pasarón de la Vera, Garganta la Olla, Valverde de la Vera y Villanueva de la Vera sean declaradas conjuntos históricos, y que ha contribuido igualmente, aunque en este caso se suman otros factores, a que Cuacos de Yuste lo haya sido como sitio histórico; en estos pueblos la madera de castaño se asoma a la calle y junto al adobe o la piedra compone unos volúmenes tan peculiares como reconocibles. En Pasarón de la Vera, además, destaca el palacio de los condes de Osorno, donde residió Magdalena, el primer amor de don Juan de Austria. En Garganta la Olla hay que prestar atención a su iglesia de San Lorenzo; a la casa de Postas, en cuya columna una mancha oscura alerta de los temporales de lluvia, y a la azul casa de las Muñecas, que según parece fue prostíbulo en tiempos del emperador. En Valverde de la Vera, que fuera el primer señorío verato, es especialmente atractiva la plaza de España y en Villanueva de la Vera es muy reconocible la conocida casa del Barco, llamada así por su peculiar forma que recuerda a una embarcación.

→ El castillo de Jarandilla

Esta contundente construcción, también llamada castillo palacio de los condes de Oropesa, compone la imagen más reconocible de la localidad y probablemente una de las de la comarca. Actualmente pertenece a Paradores, la red nacional de hoteles y restaurantes, lo que permite visitarlo y disfrutarlo además alojándose en él, papel que curiosamente ya desempeñó en el siglo XVI cuando el emperador Carlos V se instaló aquí durante tres meses a la espera de la finalización de las obras del monasterio de San Jerónimo, en la cercana localidad de Cuacos de Yuste, donde había decidido pasar sus últimos días; no es de extrañar por sus características, en las que se aúnan elementos defensivos y residenciales propios de las edificaciones militares señoriales del siglo XV, que fue cuando tomó su forma actual bajo el dominio de los Álvarez de Toledo, señores de Jarandilla y Cabañas y condes de Oropesa. 

Lo cierto es que alojarse en este viejo castillo o sencillamente visitarlo, es una de las experiencias que ofrece la comarca; sus jardines, patios y terrazas son sencillamente deliciosos. Ilustres huéspedes como Felipe González, Helmut Kohl, Mijaíl Gorbachov, Jorge Sampaio o el mismísimo general De Gaulle, lo confirmarían.

→ Los Puentes

Tanta garganta y tanta agua tenía que plantear también dificultades, especialmente de movilidad, que, como no podía ser de otra forma, se solucionaron en cada caso con su correspondiente obra pontonera. Ya hemos visto en otras ocasiones la tendencia entre los lugareños a apellidar “romano” todo lo que parezca vetusto, especialmente los puentes, y las pocas veces que se corresponde con el origen real de los mismos. Por eso no es de extrañar que La Vera no sea una excepción, y aunque lo cierto es que no consta que por estas tierras discurriera calzada importante alguna ni hay restos romanos relevantes, muchas de estas construcciones lucen popularmente esta procedencia en sus nombres. La mayoría son obras medievales, con más o menos modificaciones a lo largo de los siglos, pero se puede decir que en general son de gran belleza por su espectacular altura para salvar las crecidas y que representan algunas de las imágenes más típicas de la comarca.

El puente “romano” de la Vega, en Cuacos de Yuste; el de Jaranda, uno de los menos accesibles pero en un entorno impresionante; el puente Parral, también en Jarandilla; el de Cuartos, en Losar de la Vera, uno de los más reconocibles por sus dos ojos y por estar en una popular zona de baño, y el puente “romano” o “viejo”, en la garganta de Alardos de Madrigal de la Vera, que impresiona por sus metros de luz, son algunos de los muchos que se pueden visitar a lo largo y ancho de la comarca.

→ San Jerónimo de Yuste

Popularmente conocido como monasterio de Yuste, o Yuste a secas, este complejo declarado patrimonio europeo pasó a la historia por albergar los últimos días del emperador Carlos V, tras abdicar en su hijo Felipe II, desde febrero de 1557 hasta septiembre de 1558. De esta manera lo que fuera originalmente el sencillo eremitorio de San Salvador de la Sierra, más tarde ampliado cuando se hizo cargo del mismo la Orden de San Jerónimo, acabó convertido en el conjunto que es hoy: el convento como tal con sus dos fantásticos claustros, el palacio del emperador en su mediodía, la iglesia y los jardines con su estanque.

La Orden de San Jerónimo estuvo muy ligada a las casas reales de los Trastámara, primero, y de los Austria después, dirigiendo importantes centros religiosos como El Escorial o Guadalupe y gestionando grandes territorios para la corona. Con la casa de Borbón perdieron pujanza y finalmente, tras sufrir tres exclaustraciones y las desamortizaciones en España y Portugal, su rama masculina desapareció. No obstante fue restaurada en 1925, ocupando de nuevo Yuste a mediados del siglo XX, una vez que el Estado se hizo cargo del edificio, para volver a abandonarlo definitivamente en 2011 ante las dificultades de la Orden para mantener su actividad por el escaso número de miembros, su edad y las molestias que las obras de adecuación en el edificio les causaba. De paso se llevaron con ellos 40 000 libros de la biblioteca que donaron a la Universidad Pontificia de Comillas, que afortunadamente volvieron en 2019 al monasterio, hoy sede de la Fundación Académica Europea de Yuste.

Actualmente el conjunto de San Jerónimo de Yuste es visitable todo el año, de martes a domingo, y las entradas pueden adquirirse en la taquilla del propio edificio o a través de la web de Patrimonio Nacional.

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LUZ DE ESTRELLAS. Por José Luis Quiñones

En Monfragüe se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Ha caído la noche y, de repente, un nuevo mundo asombrosamente mágico se abre ante nuestros ojos. El cielo, antes iluminado de un perfecto azul, se ha convertido en un maravilloso manto de estrellas. Millones de ellas cubren nuestra bóveda celeste, marcando especialmente el trazo de nuestra gran casa, la Vía Láctea. La calma del aire, el olor de la tierra y de las encinas me embaucan y los sonidos de la noche me embrujan. He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Salto del Gitano

“He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras”

→ Nos encontramos en la reserva de la biosfera de Monfragüe

Monfragüe fue declarado parque nacional en el año 2007; uno de los últimos reductos de algunas especies en peligro de extinción donde aún cohabitan todos los seres vivos en armonía con el cosmos. Este paraíso de la naturaleza no sólo se circunscribe exactamente al contorno del parque y a los municipios afectados por el mismo, sino que incluye otros territorios de localidades limítrofes como Casas de Millán, Mirabel, Casatejada, Saucedilla, Romangordo, Higuera de Albalat y Deleitosa, que conforman junto a los anteriores la reserva de la biosfera de Monfragüe. Todos ellos disfrutando de un entorno privilegiado para el desarrollo natural de la fauna, la flora y la astronomía.

Fotografiar la noche en cualquier lugar del entorno de la reserva no es sólo una pasión por capturar bonitas imágenes, sino el descubrimiento de un mundo totalmente ancestral con el cual, en nuestra época, hemos perdido el contacto. Hace 3000 años no era así, el conocimiento del cielo era tecnología punta y el único calendario agrícola fiable. Cuando Sirio aparecía subiendo por el horizonte este, poco antes del amanecer, los egipcios sabían que entonces era el momento de sembrar, antes de que las aguas del adorado Nilo fertilizaran sus campos con su inundación anual.

Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica, un capricho colateral que hemos generado con el desarrollo de nuestra vida moderna y que nos ha llevado a inundar con luz el espacio de nuestros pueblos y ciudades. La lumínica es el tipo de contaminación menos conocida y la sociedad no es consciente del perjuicio que ocasiona tanto a la salud de las personas como a las otras especies que comparten el entorno con nosotros. El exceso de luz intrusa y el tipo empleado puede afectar a la salud de las personas, alterando sus ritmos circadianos. Y también ignoramos el daño que ocasionamos a las especies nocturnas que habitan el planeta desde hace millones de años y a las que les hemos esquilmado sus derechos. Ellas son las verdaderas propietarias del entorno nocturno, donde viven, cazan y se reproducen. No nos damos cuenta que otras miles de especies usan la noche para seguir viviendo, aprovechándose de la oscuridad para ocultarse y así no ser cazados.

La imagen de la Vía Láctea de invierno nos descubre la nebulosa de Orión, la Galaxía M31 o la estrella Sirio.

Pero también, la contaminación lumínica, nos ha aislado del universo. Tal es así, que el 80% de la población mundial, increíblemente, desconoce o no ha visto nunca la Vía Láctea. En una ciudad media, la cantidad de estrellas que uno puede observar a simple vista no llegan ni a una docena. Hoy, aunque soñemos con las estrellas, no las necesitamos para el desarrollo de nuestra vida diaria, han perdido su valor, aunque siguen manteniendo toda su magia.

La magia del descubrimiento de la noche y el conocimiento del cosmos, lo podemos aun disfrutar en este magnífico entorno natural de la reserva de la biosfera de Monfrague, que cuenta con uno de los cielos más oscuros de Europa. La Unesco, a través de la fundación Starlight, lo ha cuantificado, demostrado y certificado con los datos recopilados durante años sobre su fondo de cielo oscuro. Los cielos en la reserva son oscuros, transparentes, estables y con un porcentaje de noches oscuras y despejadas llegando al orden del 50%. En una noche sin nubes se pueden llegar a observar más de 2000 estrellas; uno entra en contacto directo con la energía que nos llega del cosmos, y la emoción, las sorpresas y el disfrute están garantizados. Justamente en Monfrague capturé mis primeras fotografías nocturnas, y desde entonces no he podido desengancharme de este paraíso.

Captar los objetos del cielo profundo con telescopios nos hace sentirnos como exploradores del infinito.

¿Por qué no hacer una inmersión nocturna en este paisaje tan singular? La aventura y la experiencia serán emocionantes. ¿Os apetece?, ¿me acompañáis? Para ello, deberíamos preparar un buen plan de observación astronómica.

Pero, ¿por dónde empezamos? Primero deberíamos tener claro nuestro plan de observación: qué incluye, qué objetos o eventos astronómicos queremos observar, la época en la que se pueden observar, elegir una ubicación singular y preparar el material adecuado que queremos utilizar para observar. No cabe decir que sería muy importante estudiar y aprender algo del cielo estrellado antes de ir.

→ Empecemos por elaborar un buen plan astronómico

Los días sin luna llena, podríamos querer plantearnos reconocer las 48 constelaciones observables desde nuestro hemisferio norte. En cada estación del año, desde los cielos oscuros de Monfragüe, descubriremos su ubicación en la bóveda celeste y sus caprichosas formas. ¡Es tan gratificante unir las distintas estrellas que forman la figura de cada constelación y saber a quién pertenece cada una! Es como acudir a una gran sala de cine donde, cada constelación, nos representa un personaje de película, mitológico, con una historia increíble que seguro os encantaría descubrir. Además, cada constelación, alberga numerosos objetos astronómicos y estrellas de gran belleza, que pueden observarse a simple vista, con prismáticos o mediante un pequeño telescopio. Toda una aventura excitante y llena de maravillas.

Desde Monfrague las encinas y las estrellas conforman la imagen de unión de nuestros cielos con la Tierra.

“Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica”

Os animo a descubrir el mundo de las estrellas; os nombro algunas muy interesantes, como Aldebarán, en la constelación de Tauro, visible en otoño e invierno. Una estrella gigante naranja, 425 veces más luminosa que el Sol al cual se le está acabando su combustible interno, empezando su fase de final de vida.

En la constelación de Orión, también visible en otoño e invierno, nos encontraremos a Rigel a 780 años luz de distancia, es una super-gigante blanco-azulada, estrellas de esta masa finalizan sus vidas en una explosión de supernova. También observaremos a Betelgeuse, una estrella brillante del tipo super-gigante roja, que en su tamaño máximo se extendería hasta más allá de la órbita de Marte.

Sirio, en la constelación de Can Mayor, es la estrella más brillante del cielo nocturno. Esta estrella es tan notable que es en realidad una estrella binaria y es muy conocida desde la antigüedad.

Deneb, es la estrella más brillante de la constelación del Cisne. Visible principalmente en verano, su potencia lumínica es tal que en un solo día genera tanta energía como el Sol en 140 años.

Polaris, quizás la estrella de la que más hemos oído hablar. Ubicada en la constelación de la Osa Menor, la estrella polar se encuentra casi exactamente sobre el eje de rotación de la Tierra y se usa de referencia para localizar el norte geográfico. Nos parece que todas las estrellas giran alrededor de ella, pero en realidad, nos delatan el movimiento de rotación de la Tierra.

Antares, situada en la constelación del Escorpión, visible durante el verano mirando hacia el sur. Es una super-gigante roja situada aproximadamente a 550 años luz del sistema solar. Si estuviese en el centro del nuestro, su superficie se extendería entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Vega, en la constelación de Lira, visible es la quinta estrella más brillante del cielo nocturno y la tercera del hemisferio norte celeste tras Sirio y Arturo. Vega ha sido muy estudiada por los astrónomos, llegando a ser catalogada como la estrella más importante en el cielo después del Sol. Vega fue la estrella polar alrededor del año 12.000 a. C.

Reloj solar, mirador Era de los Santos (Casas de Miravete)

Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas, todas ellas agrupadas formando un disco plano espiral. En primavera y verano, mirando entre el este y el sur, podemos reconocer parte de la Vía Láctea cuando nombramos y marcamos en el cielo la gran banda brillante del “Camino de Santiago”. La zona más espectacular es el centro galáctico, con el brazo de Sagitario. Es una zona riquísima con objetos astronómicos espectaculares para conocer a simple vista, con prismáticos o fotografiar.

Por otro lado, si quisiéramos descubrir la magia de observar la nebulosa de Orión, un centro energético brillante compuesto de nubes de gas y polvo donde están naciendo estrellas, tendríamos que elegir la temporada entre noviembre y abril. Se puede observar a simple vista, pero la mejor visión se obtiene con unos prismáticos o mediante un pequeño telescopio.

Puede que queramos contemplar la magia de los planetas y la Luna. Yo siempre recomiendo que la Luna se observe en alguna de sus fases intermedias, nunca en luna llena, ya que se verá plana y sin relieve; y además, nos contaminaría con tanta luz todo el entorno, que no nos dejaría ver las estrellas. Y por qué no, descubrir la belleza de los planetas como Venus, Marte, Júpiter o Saturno; realmente podemos disfrutar observándolos a simple vista, con prismáticos o con pequeños telescopios.

Otro buen plan astronómico es proyectar nuestra observación para disfrutar algunas de las numerosas lluvias de estrellas que acontecen durante el año. Las lluvias de estrellas son partículas sólidas provenientes del espacio relacionadas siempre con los restos que dejan los cometas al acercarse al Sol, más grandes que un átomo pero mucho más pequeñas que los asteroides y que se queman en la atmósfera terrestre y se los denominan meteoroides, que entran en la atmósfera y se consumen antes de caer al suelo. Algunos logran sobrevivir al paso por la atmósfera terrestre y si llegan a la superficie de la Tierra, se les denomina meteoritos. Las más famosas son la Perseidas en agosto, pero también existen otras lluvias muy interesantes e intensas que puedes planificar con tu viaje.

“Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas”

Pero, el espectáculo del universo es tan inmensamente grande, y existen tal cantidad de objetos de gran belleza que pueden ser observados, que sería conveniente consultar algunas de las numerosas páginas que existen en internet, donde indican qué observar y cuándo, en el cosmos. Sugiero que nos llevemos un planisferio o, como manda la modernidad, descargarnos alguno de los programas planetarios que se ofrecen para nuestro smartphone.

En general y como es de sentido común, las ubicaciones más adecuadas para realizar una observación astronómica óptima, deben ser aquellos lugares más alejados de cascos urbanos que ofrezcan una orografía plana y despejada o en su defecto los puntos más elevados de montañas y colinas, preferentemente despejados de arbolado, aprovechando mesetas.

La reserva de la biosfera de Monfragüe es un territorio magnífico, con muchos emplazamientos idóneos para ubicar nuestro puesto de observación nocturno. Para disfrutar de una experiencia tan gratificante e intensa, es sumamente importante y necesario acercarse y disfrutar previamente del lugar elegido durante el día. Con ello captaremos la belleza del entorno con luz, elegiremos el lugar de observación nocturna y evitaremos accidentes.

Dentro de esa programación debemos contar bien con el material astronómico que vamos a utilizar: prismáticos con trípode, pequeño telescopio, la cámara de fotos, el móvil, todo preparado y con las baterías cargadas. 

Importantísimo llevar ropa de abrigo, lo mejor de todo para protegerse del frío ya sea invierno o en verano, ya que las temperaturas pueden llegar a ser muy frescas en las dehesas extremeñas. Linterna o frontal: o te puedes abrir la cabeza. Usar una con luz roja para no molestar a los compañeros y no perder capacidad visual. Es interesante que sea de esas que van en la cabeza para poder tener las manos libres, como las de los espeleólogos.

El entorno de Monfragüe, a la luz de las estrellas, despertará nuestra curiosidad innata. La noche serena, el olor a encina, los sonidos de la vida, el espacio inmenso, la tierra mágica y bella, y nosotros solos al contemplar la inmensidad del firmamento, nos preguntaremos, qué otros espectáculos grandiosos y nuevos mundos existirán ahí fuera. Somos fruto de una casualidad cósmica o la vida es algo tan natural como uno la ve en la Tierra. Nos permitirá descubrir la gran pregunta que todos los seres humanos nos hacemos, cual es nuestro lugar en el universo y si existe vida fuera de nuestra Tierra.   

Preservemos este maravilloso regalo universal para el disfrute y el conocimiento de las próximas generaciones. Felices Cielos.

AZUL PIEDRA · GEOPARQUE VILLUERCAS IBORES JARA

No todo en el geoparque es roca, palabra y concepto muy del gusto de los geólogos, también hay hueso, madera y mucha piedra.

Puede parecer que roca y piedra es lo mismo, pero no es así; la piedra suele referirse a fragmentos de pequeño tamaño y no a afloramientos, y además sirve igual para hablar de rocas que de minerales. A nosotros es no obstante la que nos interesa aquí, pues de ella, entre otras cosas como veremos, se compone el atractivo patrimonio de nuestro geoparque. En la iglesia de San Juan Bautista por ejemplo, en Berzocana, están depositados los restos de San Fulgencio y Santa Florentina. La historia de estos santos muy venerados, hermanos de San Isidoro de Sevilla y Teodora, mujer del rey Leovigildo, se remonta al siglo VI con la conversión al catolicismo de la monarquía visigoda arriana. Según cuenta la leyenda, sus restos transportados por unos clérigos que en el año 713 huían de Sevilla tras la invasión islámica fueron enterrados en estas sierras junto a un “brezo cano”, lo que justificaría el topónimo de la localidad, donde serían descubiertos en el siglo XIII por un labriego al toparse su arado con un arca de alabastro que los contenía. Protagonizaron más tarde un pleito promovido por la ciudad de Cartagena que los reclamaba, ya que los santos eran oriundos de allí, resuelto por Felipe II al determinar salomónicamente que dos huesos grandes fueran a El Escorial, dos a Murcia y el resto permaneciera en Berzocana, para lo que ordenó que se erigiese una capilla y donó el bello relicario que los contiene en esta iglesia de estilo gótico y exquisita factura interior.

→ Tiene Guadalupe hermoso

La leyenda también dice que los mismos clérigos que huían con los restos de los santos portaban consigo otro objeto más valioso si cabe; una imagen de la virgen que el mismísimo papa San Gregorio había regalado al quinto hermano, San Leandro, obispo de Sevilla. Y cuenta que también la enterraron, esta en las inmediaciones del río Guadalupejo. Lo uno llevó a lo otro y cuando en el siglo XIII, tras la correspondiente aparición mariana al vaquero Gil Cordero, se exhumó la imagen comenzó el devenir de lo que hoy conocemos como Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, la joya arquitectónica y espiritual de la provincia cacereña declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Hay que visitar alguna vez en la vida este celebérrimo lugar, y no ya por su larga tradición peregrina -que lo llevó a ser el templo más concurrido del antiguo reino de Castilla- sino por el espectáculo que ofrece su pétrea estampa recortada sobre el feroz pico Villuercas y los innumerables tesoros que alberga en su interior como el  divino patio mudéjar, los libros miniados, las obras de Zurbarán o la propia talla de la virgen negra.

Pero tiene Guadalupe hermoso, como canta la jota, mucho más que el monasterio, pues la misma puebla es un conjunto histórico de pintorescas callejuelas, con sus casas tradicionales de dos plantas sobre viguería de castaño que vuelan sobre la calle creando soportales originalmente ideados para mostrar, y proteger a la vez, la actividad comercial vinculada a la peregrinación. Y aún más, otros elementos patrimoniales como la famosa ermita del Humilladero, donde peregrinos como el propio Cervantes hincaron la rodilla al observar desde lo alto por primera vez la mole del conjunto monástico. O los conjuntos rurales de las granjas de Mirabel y Valdefuentes, en realidad palacios a escasos kilómetros de la localidad que a pesar de ser bienes de interés cultural no pueden visitarse por estar en manos privadas.

→ El castillo de Cabañas… del Castillo

Cabañas del Castillo tiene, cómo no, un castillo. O al menos quedan en pie partes del mismo y merece tanto la pena hacer el esfuerzo de subir por su senda empinada que no podemos dejar de recomendarlo; es probablemente junto al pico Villuercas el otero más espectacular de todo el geoparque, tanto para observar su abrupta orografía como para disfrutar de las numerosas aves que habitan los cantiles que lo rodean.

→ Verracos y la Marca Media

En el límite nororiental del geoparque nos encontramos con otras alhajas: la localidad de Villar del Pedroso -cuya magnífica iglesia también merece por cierto atención- y buena parte de la Jara fue patria de los vetones, un conjunto de pueblos de origen celta que habitó el norte de Cáceres desde la Edad del Hierro. Así lo demuestran los numerosos verracos de piedra que han aparecido en la zona; algunos de ellos, como el “Toro Mocho”, pueden verse integrados en el mobiliario público villaro. También hay otro en la localidad de Valdelacasa de Tajo y recientemente se han encontrado dos más que no se conocían.

Asimismo fue relevante aquí el periodo andalusí, pues la zona era parte del sistema defensivo destinado a frenar los avances cristianos sobre la Marca Media sarracena al sur del Tajo: atalayas y fortalezas que a lo largo del río servían de refugio a la población a la vez que daban cobertura a las razias musulmanas en suelo cristiano; la de Castros era una de ellas, entre el río Tajo y el desfiladero del Pedroso, un lugar poco accesible pero de espectacular belleza.

  AZUL PIEDRA - GEOPARQUE VILLUERCAS IBORES JARA
 
COLECCIONABLE AZUL PIEDRA
 

CASTILLOS GEOLÓGICOS. Por Eduardo Rebollada

Monfragüe representa el equilibrio entre los reinos animal, vegetal y mineral.

→ El equilibrio bio-geo ha sido especial en Monfragüe

Decían antaño nuestros maestros que aquella naturaleza, la Naturaleza, se dividía en tres reinos: animal, vegetal y mineral. Aunque hoy en día esa primitiva clasificación ha sido superada, se puede afirmar con razón que la reserva de la biosfera de Monfragüe lo es también de la geosfera, pues sobre sus riscos, montes, valles, llanuras y ríos, conviven armoniosamente vegetación y fauna.

Salto del Gitano

La armonía es aparente a los ojos no habituados, pero lo cierto es que la interacción material y energética entre lo geológico y lo biológico es constante, gracias también en gran medida a la atmósfera y la hidrosfera. Rocas, células, aire, agua y fuego conviven en transformación y evolución constantes, pero dentro de unos márgenes limitantes, que sólo poderosas fuerzas pueden desequilibrar.

Monfragüe representa el equilibrio entre los reinos animal, vegetal y mineral. Si la geología hubiera destacado sobre la biología, otros suelos habría, otros paisajes admiraríamos, quizá en apariencia más diversos, pero en el fondo más pobres. Mientras tanto los farallones cuarcíticos parecen demostrarnos la soberbia geológica de estos ásperos montes.

→ Aquellos y estos geólogos

Los geólogos que hace 60 años se dedicaban al estudio de las rocas más antiguas del continente europeo, descubrieron que en la península ibérica tenían representadas todas las rocas precámbricas y paleozoicas, que aportan las claves de la evolución del paisaje europeo.

Investigadores de universidades europeas recorrieron nuestra tierra tomando muestras de rocas, buscando fósiles y minerales, cartografiando la geología de lugares, a veces muy apartados, en los que nunca o muy pocas veces se había visto un naturalista o un geólogo.

Eran otros tiempos. La ciencia geológica moderna avanzaba velozmente hacia el conocimiento gracias a las nuevas técnicas de investigación, definiéndose modelos geológicos que permitirían explicar tanto los tipos de roca como su disposición geométrica.

Estratos de calizas del Cámbrico (Casas de Miravete), sobre las que es común un tipo de modelado denominado kárstico, debido a la disolución de los carbonatos por el agua de lluvia cargada de dióxido de carbono.

Contemporáneamente, las ciencias geológicas se han expandido hacia cada una de sus especialidades (sedimentología, tectónica, paleontología, petrología, mineralogía...), verdaderas ciencias en sí mismas. El conocimiento que hoy en día se tiene de la corteza terrestre es muy superior al de hace medio siglo, aunque aún sea insuficiente.

“Resulta especialmente destacable el trabajo de aquellos primeros geólogos que con frío o calor, lluvia o nieve, pasaban meses en recónditos pueblitos extremeños, para dar un paso más al frente y permitir a la sociedad un mayor y mejor saber geológico”

→ Ecosistemas fosilizados

El elenco de rocas que encontramos en Monfragüe no es demasiado numeroso. Sin embargo, sus edades son muy diferentes: desde los escasos cientos de miles de años de los sedimentos cuaternarios hasta el medio centenar de millones de años de las pizarras del Proterozoico, la horquilla temporal es, lógicamente, amplia. Así, tenemos lutitas, calizas, areniscas, cuarcitas y pizarras, representativas de ambientes sedimentarios de las diferentes épocas geológicas que del Paleozoico inferior se han conservado en la reserva.

Estas rocas son retazos de lo que fueron verdaderos ecosistemas marinos. Rocas, en muchos casos, que parecen tener el secreto de la eterna juventud, donde el tiempo se detuvo petrificando un momento geológico, que llegaría a su plenitud cuando hace 300 millones de años dos enormes fragmentos de corteza terrestre chocaron, lenta, pero irreversiblemente, hasta elevar y colocar a su antojo una cantidad inconmensurable de toneladas de rocas, quedando como soberbias rampas amplificadas más aún por la potencia de los ríos que han querido y podido erosionarlas.

“Cual arrecife de coral, los nuevos ecosistemas mediterráneos, fluviales y rupícolas se asientan en antiquísimos ecosistemas de arenas y limos marinos, entonces llenos de vida, hoy soportes de vida”

→ Un paseo a través del tiempo

Andar por los senderos de la reserva permite avanzar hacia adelante y hacia atrás en el tiempo geológico. Empezamos por los llanos pizarrosos del Proterozoico, antaño sedimentos de mares profundos, incluso abisales, llegando hasta las rocas cámbricas, de una época en que todo era un mar somero y litoral, con los primeros retazos de vida. Luego subimos por una empinada cuesta, hasta encaramarnos a lo que en otras eras geológicas fueron playas arenosas inmensas, hoy reconvertidas en las conocidas cuarcitas, emblema rocoso del paisaje apalachiense, propio y característico de las estribaciones extremeñas de los Montes de Toledo. Y podemos volver a bajar, por ejemplo, por un sendero pedregoso, bajo el cual corre el agua de lluvia infiltrada, entre areniscas y pizarras, fácilmente erosionables, que hace millones de años formaron parte de un talud submarino. Finalmente, valle abajo observamos un suelo mullido y húmedo, sobre arenales fluviales depositados por el Tiétar o el Tajo.

“Unas 200 especies de vertebrados diferentes viven en Monfragüe de forma permanente”

Pero en lugares como nuestro único parque nacional contamos con otras muchas confluencias de la vivacidad con ella misma para lograr la prodigiosa continuidad.

Porque un paisaje vivo sobre todo es suma de teselas palpitantes. Pero si además estas porciones del gran mosaico son de agua y roca, de pradera y dehesa, de maraña montuna y baldío, de charca y unos pocos edificios entonces tenemos asegurada la otra gran categoría de la vivacidad: la multiplicación. Podemos ir más lejos porque Monfragüe aporta uno de los más destacados ejemplos de la múltiple multiplicidad de la vida, algo que siempre fue y es su propósito pero que ya solo es posible confirmarlo y disfrutarlo en lugares como este corazón de Extremadura.

Sin darnos cuenta viajamos más de 500 millones de años virtuales junto con los continentes que desde entonces han ido, cual balsas, chocando unos con otros, creando nuevas rocas y destruyendo otras, en un ciclo litológico que aún perdura, pero que los seres humanos por lo general somos incapaces de apreciar.

“El tiempo geológico, tiempo profundo en sí mismo, permite comprender la dimensión física del universo, de nuestra galaxia, de nuestro planeta y de nosotros mismos”

→ Europa y África

El continente africano sigue admirando a Europa y esta se deja querer permitiendo desde hace millones de años el abrazo pétreo: rocas que se elevan por la presión de las placas tectónicas africana y europea. Después el agua de lluvia, el viento y el hielo rematan la faena, configurando un paisaje más vertical aún, solo amansado por el verdor de los bosques.

Dentro de unos cuantos millones de años probablemente el empuje de África originará una nueva cordillera “ibero-africana”. Pero mientras tanto, a nuestros ojos, insensibles al tiempo geológico, Monfragüe seguirá siendo un conjunto de sierras y valles empinados y paralelos, sobre los que las aguas ahora embalsadas se aquietan después de miles de milenios de continua erosión fluvial.

No es la primera vez que ocurre. A finales de la era paleozoica, la protopenínsula ibérica fue una cordillera. Y muchos millones de años antes hubo otra cordillera aún mayor, de la que apenas quedan vestigios. Existe una repetición cíclica de los fenómenos geotectónicos, que si bien no afectan por igual a todos los continentes del planeta Tierra, sí pueden considerarse episodios redundantes.

Una de las pruebas de esos choques de escala descomunal y poco inteligible para los humanos es la existencia de pliegues. Monfragüe presenta uno de los plegamientos mejor conocidos, denominado sinclinal de Cañaveral o de Monfragüe, que por un lado impele las rocas hacia los cielos, para que sus aves majestuosas se lancen al vacío desde sus plataformas, y por otro las hunde en el terreno, agrietadas, formando acuíferos en algunos casos. La meteorología se contrapone a la tectónica e intenta apaciguar el paisaje, buscando un equilibrio que nunca llega debido a la inacabable dinámica terrestre.

“Nunca separadas, no siempre unidas, el futuro de Europa y África está escrito en Monfragüe”

→ De aquellos lugares estos barros y estas rocas

Las rocas son un conjunto de sedimentos litificados (petrificados). Lo que fueron antes lechos marinos, profundos o someros, de aguas agitadas o tranquilas, llenas o carentes de vida, son las rocas que definen el grueso del paisaje de Monfragüe. Sobre esos trazos toscos la naturaleza ha dibujado el verde de las hojas y, con mucho más detalle, el multicolor de la fauna.

Habitualmente relictas de ambientes de un pasado muy lejano, las rocas sedimentarias no dejan de ser, por tanto, ecosistemas fosilizados, que nos llegan a nosotros tras millones de años de vicisitudes, una vez se han salvado del implacable ciclo geológico, que les ha otorgado unos cuantos millones de años más de vida.

En la reserva de la biosfera de Monfragüe es común ver los fangos que se depositaron lentamente o en oleadas en el fondo de los mares precámbricos, hace unos 600 millones de años, conjunto de rocas que los geólogos denominan Alogrupo Domo-Extremeño. Sobre ellas se encuentran las rocas del denominado Grupo Ibor, un conjunto variado de fangos carbonatados y otros sedimentos arenosos finos, que dan lugar a calizas, pizarras y areniscas, respectivamente. Sobre el Grupo Ibor son fácilmente reconocibles las arenas de los mares ordovícicos, convertidas en cuarcitas. En estas rocas, típicas de los paisajes no sólo de Monfragüe sino de toda Extremadura, puede verse el fenómeno conocido como bioturbación, en concreto las huellas impresas dejadas por los organismos que nadaron, reptaron, se cobijaron y alimentaron, como es el caso de trilobites –formadores de cruzianas– y gusanos arenícolas – formadores de daedalus y skolitos–, entre otros.

Raña del Frontal (Jaraicejo)

En periodos geológicos mucho más recientes se depositaron sedimentos continentales, no marinos. Se trata de las denominadas rañas, un conjunto de materiales heterogéneos, donde pueden diferenciarse cantos rodados dentro en una matriz arcillosa, que adquiere una tonalidad rojiza y forma mesetas alrededor de algunas sierras del centro de Extremadura.

“Las rocas sedimentarias no dejan de ser, por tanto, ecosistemas fosilizados”

→ La vida fósil

Si las rocas sedimentarias tienen un origen marino, los seres vivos que pueden haber quedado fosilizados dentro de ellas lógicamente pertenecían a grupos o taxones de hábitos marinos, bien como nadadores habituales o esporádicos, bien como simples reptadores o excavadores de los sedimentos del fondo del mar.

A pesar de la dificultad intrínseca que ofrece el hecho de la fosilización, para el cual son necesarias una serie concatenada y relativamente compleja de procesos, en la reserva de la biosfera de Monfragüe excepcionalmente es posible encontrar restos fosilizados de trilobites, crinoides y graptolitos. Al contrario, existen otros taxones de difícil fosilización, como ocurre con los anélidos, debido a que sus cuerpos carecen de esqueleto que pueda mineralizar.

Pero además de las huellas fósiles (también llamadas icnofósiles) dejadas por los organismos que habitaron durante el Precámbrico (Neoproterozoico) y el Paleozoico inferior y medio, como cruzianas, skolitos y otros, es posible observar en la reserva de la biosfera de Monfragüe estructuras sedimentarias, como ripples de corriente –las marcas que dejan las corrientes de agua sobre la superficie del sedimento–, otras estructuras indicativas de tormentas y tempestades, y estructuras diagenéticas, especialmente marcas de carga.

“En la reserva de la biosfera de Monfragüe excepcionalmente es posible encontrar restos fosilizados de trilobites, crinoides y graptolitos”

→ La esencia minera

Los minerales constituyen los componentes básicos de las rocas. Su función no es sólo física, como soporte estructural litológico, sino también como recurso químico. Sus usos variarán en función de muchos aspectos, aunque ello no quiere decir que se puedan utilizar de cualquier manera o para cualquier cosa.

Los minerales son esenciales para la vida y la sociedad, integrando cualquier proceso productivo, natural o no, es decir, formando parte tanto de nosotros mismos y de la naturaleza a la que pertenecemos como de los objetos y herramientas que utilizamos, imprescindibles para nuestra economía.

Pedrera (sierra de Monfragüe, Torrejón el Rubio)

La reserva de la biosfera de Monfragüe incorpora en sus rocas varios minerales, entre los que destacan los silicatos, formados por átomos de silicio y oxígeno, que al combinarse de manera diferente, permiten la existencia de numerosísimas especies minerales, entre las que destacan por su abundancia el cuarzo, los feldespatos, las micas o los minerales arcillosos.

Pero para que estos minerales sean económicamente rentables y puedan ser aprovechados industrialmente, se precisan unas condiciones específicas de aparición, entre las que se encuentran su grado de pureza y su cantidad, formando verdaderos yacimientos. Así, en Monfragüe existen yacimientos de minerales arcillosos, como la atapulgita, que se explota en Torrejón el Rubio. Pero también hay otros indicios y yacimientos minerales a lo largo y ancho de la reserva, como el grafito en las pizarras ampelíticas silúricas de Villarreal de San Carlos, la andalucita en las pizarras precámbricas de Casas de Millán, la galena y la blenda de la mina la Norteña, en Higuera de Albalat.

“Los minerales son esenciales para la vida y la sociedad”

→ Monfragüe y la evolución del clima

Resulta difícil imaginar Monfragüe sin cañones rocosos, sin esa geomorfología que tanto lo caracteriza, donde queda patente la fortaleza y el cimiento de la gea para la vida.

La calidad de sus ambientes naturales permite observar un entorno tanto geológico como biológico, donde el ser humano no es protagonista. Sin embargo, aunque Monfragüe aparentemente no necesite a los humanos, en la actualidad los riesgos globales que se ciñen sobre muchos de los ecosistemas, tanto naturales como antrópicos, precisan de una actuación transparente y fundamental, como el aire que respiramos.

Las rocas que observamos en la reserva de la biosfera de Monfragüe permiten inferir que los climas han ido cambiando en gran medida a lo largo de la historia de la Tierra. De hecho, la mayor parte de las rocas sedimentarias marinas han sido generadas por variaciones importantes del nivel de los mares, fenómenos que eran causantes de modificaciones del balance erosión-sedimentación, tanto de la erosión de las áreas montañosas como de la sedimentación y aterramiento de las cuencas sedimentarias (valles fluviales, lagos y mares).

Pliegue disarmónico (Portilla del Tiétar, Toril)

La amenaza del cambio climático nos afecta a todos los seres del planeta directa o indirectamente. Cambios de la temperatura del aire y el agua, de los niveles del mar, del sentido, dirección, intensidad y alcance de las corrientes oceánicas, y de los ecosistemas y las especies vegetales y animales, etc., que no son sino concreciones de cambios mayores de los ciclos del agua y los nutrientes, que influyen en otros procesos que sí nos afectan muy directamente, como son los agrícolas y ganaderos, además de los de mayor escala, sociales y económicos.

Resolver los problemas del presente que se avecina requiere suficiente capacidad de perspectiva para echar la mirada atrás, muy atrás en el tiempo, como se puede hacer fácilmente en Monfragüe, para ver que los fenómenos naturales, que vemos hoy como amenazas, son los mismos que en el pasado geológico transformaron en alto grado el paisaje y la vida. Tomemos nota de ello.

 

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